Crítica de 'La gran enfermedad del amor': Aire fresco para la comedia romántica

Crítica de 'La gran enfermedad del amor': Aire fresco para la comedia romántica

  • Este viernes llega a los cines la película dirigida por Michael Showalter.
  • Basada en una historia real, muestra los complicados inicios de una relación.
  • La cinta es previsible y todo el mundo sabe su final, pero... ¿a quién le importa?

El género de la comedia romántica es parte fundamental de la historia del cine, tanto como las películas de vaqueros, las bíblicas o las basadas en mundos futuristas y distópicos. Alabadas y denostadas a partes iguales, este tipo de películas han sabido huir de calificativos como naíf o previsible y evolucionar hacia verdaderas obras de arte: Una cuestión de tiempo, 500 días juntos o Midnight in Paris son algunos ejemplos que demuestran que se puede contar una historia de amor con humor sin caer en los tópicos. Y, de paso, meterse en el bolsillo a toda la audiencia del cine independiente más hípster.

Este es el caso de La gran enfermedad del amor, escrita por los protagonistas de la historia en la que se basa la película, Kumail Nanjiani (Sillicon Valley) y Emily V. Gordon, y protagonizada por el propio Nanjiani.

La película  cuenta el complicado comienzo de una relación  –¿acaso alguna no lo es?– desde el punto de vista de dos millennials en Chicago. Kumail se intenta ganar la vida como cómico de stand-up (los clásicos monólogos) mientras comparte piso y va a comer los domingos a casa de sus padres. Cuando conoce a Emily en un bar, su vida cambiará para siempre.

A pesar de que lo mejor es saber poco de la trama del filme, La gran enfermedad del amor gira en torno a, como no podía ser de otra manera, una enfermedad.

La dolencia que padece uno de los miembros de la pareja saca a relucir sentimientos enfrentados: la lucha del protagonista masculino contra las convicciones tradicionales de su familia pakistaní, por un lado; y unos padres sobreprotectores que culpan de todos los males al novio de su hija, por el otro. Holly Hunter, Ray Romano, Anupam Kher y Zenobia Shroff interpretan a los cuatro progenitores, que cargan con gran parte de la comedia.

Nuevo relevo generacional

Precisamente esta comedia se deja ver poco a lo largo de la historia, gracias a un guion dramático de los de soltar una lágrima de vez en cuando. Al igual que en las relaciones reales, las risas se acaban cuando llegan los problemas. Y también, como en las discusiones sin libreto, nadie tiene toda la razón y quizás los malos no lo son tanto si descubres sus motivos.

Todo esto se adapta a la perfección con los nuevos tiempos de Uber, Tinder y ghosting. Imposible no pensar en esta cinta como un relevo generacional de películas de Judd Apatow (productor del filme) como Lío embarazoso, Hazme reír o Y de repente tú, que ya hicieron temblar los cimientos de la comedia romántica hace unos años.

Evidentemente, la película tiende a ser previsible y no hay nadie en la sala de cine que no se espere el final, pero... ¿a quién le importa? Con una trama que te mantiene en vilo, no solo logramos profundizar en la compleja  personalidad de los protagonistas, también nos hacemos preguntas sobre las aparentemente insalvables diferencias culturales entre países, un tema que en EE UU está más candente que nunca y que este filme enfrenta sin miedo y con buenas dosis de humor.

Aclamada en festivales como Sundance o San Sebastián, La gran enfermedad del amor desarrolla el manido arquetipo de ‘chico conoce chica’ para crear una historia divertida, moderna y con la que se empatiza desde el primer minuto. Porque, ¿a quién no le ha pasado conocer a alguien, separarte y pelearte con tus suegros mientras te ganas la vida haciendo monólogos en Chicago?

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