Carlos Saura: "Estuve a punto de dejar de hacer películas por las malas críticas"

Carlos Saura: "Estuve a punto de dejar de hacer películas por las malas críticas"

Carlos Saura
El director español Carlos Saura. (Jorge París)
  • Este viernes se estrena el documental 'Saura(s)', de Félix Viscarret.
  • En la película, a modo de homenaje, se dibuja la figura del director español Carlos Saura a través de conversaciones con sus hijos.
  • A sus 85 años, Saura no ha dejado de trabajar jamás.

Autor de clásicos como La caza, Cría cuervos y ¡Ay, carmela!, Carlos Saura es indiscutiblemente uno de los grandes directores de la historia de la cinematografía española. Ahora, gracias a otro cineasta, Félix Viscarret, el maestro es también el protagonista de un documental homenaje que llega este viernes a los cines. En Saura(s), Viscarret dibuja al aclamado realizador a través de charlas entre este y sus hijos (tiene siete de cuatro mujeres diferentes).

Saura asegura que ha disfrutado del proyecto y de charlar con sus hijos, con los que se lleva estupendamente. Aunque tiene 85 años, habla y se desenvuelve como si tuviera 25 menos. Sin embargo, se muestra inquieto cuando tiene que atender a la prensa y ve que, tras horas de hablar con periodistas, aún le quedan al menos cuatro entrevistas más. Viscarret comenta que la promoción es una parte importante, pero su veterano compañero no parece estar muy de acuerdo.

¿No está de acuerdo con Félix?
No. Lo que pasa es que él es muy educado. Es una persona que está preparando su futuro y tiene que quedar bien con los medios, porque si no el día mañana no le van a distribuir (risas). Yo daría cualquier cosa por no hacer nunca una entrevista ni ir nunca a ningún festival una vez que acabo una película. Me gustaría tener un productor que me dijera: "mira, vas a hacer una película al año y, una vez que la hagas, desapareces para ir preparando la siguiente".

Pero no puede negar que la prensa es importante.
Es verdad que, si te dicen que una película tuya ha gustado mucho, te pones muy contento. En cambio, si te dicen que es un desastre, que te han machacado, te puede destruir. Yo, cuando hice Cría cuervos, en España tuve las peores críticas que he tenido nunca. Me fui a Canadá, lo recuerdo perfectamente, con Geraldine, con la idea de que ya nunca más iba a hacer una película. Pero de repente la seleccionaron para el Festival de Cannes, le dieron un premio allí y ahora todo el mundo dice que es una obra maestra.

¿Qué conclusión sacó de eso?
En ese sentido he aprendido que, desgraciadamente, todo es muy volátil. La opinión de los críticos puede cambiar y, en un momento determinado, por lo que sea, se puede volver contra ti. Y en otros momentos se ponen a favor, nunca sabes por qué, es un misterio. Entonces tienes que estar a las buenas y a las malas, pero la única forma de estar a las buenas y a las malas es estar retirado, un poco fuera. Que hay una película que gusta, qué maravilla, qué suerte, pues estupendo. Que no gusta, ¿qué le vamos a hacer? No voy a dejar por eso de hacer cine, pero ya te digo que estuve a punto de hacerlo.

No debe de estar uno muy pendiente de la crítica ni de lo que dicen los demás sino de lo que tienes que hacer tú

¿Ha aprendido a gestionar mejor las críticas?
Cortázar decía una cosa que siempre me ha parecido maravillosa: aprende de tus errores porque esa es tu verdadera personalidad. Es una idea muy bonita. Escribiendo es muy fácil, escribes algo y, si luego no te gusta, lo rompes y ya está. Pero es que al hacer una película estás tan implicado que tienes que correr pocos riesgos en lo posible, aunque siempre los hay, nunca sabes realmente cómo va a ir una película.

Hay una parte que es difícil de predecir, ¿no?
Cuando piensas que una película tuya va a ir al Festival de Cannes porque está perfecta para el festival, pues a lo mejor la rechazan. Me pasó con Ay, Carmela y con La caza. Y luego de repente otra es aceptada en Cannes o en Berlín y esto te da una posibilidad de que tenga una cierta prensa favorable, de que se mueva. Yo creo que no debe de estar uno muy pendiente de la crítica ni de lo que dicen los demás sino de lo que tienes que hacer tú. Es muy difícil, estás siempre presionado y eso hace que las críticas negativas te afecten muchísimo. Yo por eso prefiero no leerlas. Si es buena, te crees que eres un genio, qué bien, qué listo soy. Y si es mal, dices bah, la hemos fastidiado. Es mucho mejor estar en tu mundo.

¿Las críticas positivas hinchan mucho el ego?
Este (Viscarret) dice que soy un genio, pero no lo creo. No, pero con los años pasas por muchas etapas. De repente era una promesa: las primeras películas funcionaron muy bien, iban a los festivales... Después hubo una época en España tremenda en contra de lo que llamaban cine de autor. No sé quién lo promovió. En parte los cines catalanes. Decían que ya bastaba de cine de autor, que había que hacer un cine para el público, más fácil, que todo el mundo lo entendiera. Decían que el cine de Carlos Saura es un cine críptico –que no es verdad–, un cine simbólico, metafórico, que no entiende nadie. Es mentira porque, por ese camino, el cine de Buñuel, el de Bergman, ¿qué son? Esa etapa ha sido muy dura para mí, cuando los críticos estaban muy en contra de lo que yo hacía.

Pero esa etapa pasó.
Sí. Luego ha habido una especie de cambio a lo contrario. Desde hace unos años dicen que mi cine está bien, que es interesante, que sirve para que los jóvenes lo vean y puedan aprender las posibilidades de hacer un cine más creativo, más imaginativo, que es lo que yo he intentado siempre, no quedarnos solo con la epidermis de las cosas sino ir un poco más lejos. Por eso he hecho películas a veces muy en la tierra como Deprisa, deprisa o Los golfos, El séptimo día o La caza, y otras más imaginativas, que es el tema que más me interesa. Pero también de vez en cuando me gusta bajar a la tierra. Estoy hablando demasiado de mí, ¿no?

Lo que más se repite en el documental es que usted es un hombre al que le cuesta expresar sus emociones, ¿es cierto?
Lo que decía yo es que una cosa es hacer un documental y otra cosa es hacer Corazón, corazón. Una cosa son los sentimientos y otra cosa es el sentimentalismo. Félix va más bien ahí a rascar: "y bueno, ¿tu vida con tu mujer?". Y ahí ya no. Pero luego fue muy escrupuloso y no insistió demasiado. Se dio cuenta de que por ahí no había mucho que hacer y entonces fue por otro lado mucho más positivo y mucho más divertido y más bonito.

Defiendo a muerte que para hacer algo serio en la vida te tienes que aislar

Otro tema que se repite mucho es la soledad, ¿tan importante es para usted?
Yo creo que sí, siempre lo he dicho. Yo creo que no se puede hacer nada si no trabajas en solitario. No puedes escribir, no puedes pintar. ¿Cómo va a pintar un pintor si está en una sala llena de gente? Puede hacer esquemas, dibujitos, pero si quiere hacer una obra seria tiene que aislarse. Y el escritor igual, puede escribir en un café, pero se aisla del café. Te puedes aislar de muchas maneras. Cuando digo soledad puede ser soledad compartida. Puede ser soledad con mucha gente y estar tú solo pensando en lo que tienes que hacer. Es necesario ese aislamiento más que soledad. Hay que aislarse.

La soledad tiene muy mala prensa, para muchos es casi una tragedia.
Eso es un error. Yo creo que no. Es verdad que la vida social tiene muchos alicientes. Ten en cuenta que, cuando yo hablo de soledad, no hablo de un eremita, no es eso. Yo hablo de la soledad cuando tienes que trabajar y hacer cosas. Luego ya pues viajas, te mueves, ves cosas, hablas con las personas... No es esa soledad absoluta de un místico. Yo no soy ningún místico, pero sí defiendo a muerte que para hacer algo serio en la vida te tienes que aislar, reflexionar sobre ti mismo, sobre lo que quieres hacer.

Es importante reflexionar de otra manera, de una manera constructiva y creativa, desde tu pasado si quieres, aprovechándolo para hacer una cosa diferente, no para hacer lo mismo, no para repetir lo que has hecho ya sino que te sirva un poco de pista para hacer algo nuevo. Muchas ideas surgen de cosas que has hablado con un amigo o que has leído en un periódico. Ese tipo de cosas no están reñidas con la soledad.

Otro de los pilares del documental y de su vida es la fotografía, y la pintura.
La fotografía en ese sentido es estupenda, más antes que ahora, pero ahora también. Tú haces una fotografía en cualquier sitio, en una calle, en una entrevista, en una guerra, pero luego a mí lo que me gusta es no abandonar la fotografía como tantos fotógrafos hacen. La dejan en manos de los periódicos o en manos de una revista y es otra persona la que selecciona las fotos. Eso me parece terrorífico.

A mí lo que me parece bonito es seguir la fotografía hasta el final. Yo tenía un laboratorio en mi casa donde revelaba y ampliaba las fotografías yo mismo. Ahora las paso por el ordenador, imprimo las que me gustan... Soy yo el que trabaja en las fotografías porque me parece que es una traición dejar el trabajo en manos de otras personas. Gran parte de ese trabajo fotográfico no es tuyo, está compartido con otra persona. En ese sentido volvemos otra vez al trabajo en solitario. Para hacer eso tienes que estar solo en tu casa con tu impresora, con tu ordenador, con tus negativos...

No puedes estar pensando continuamente en lo que has hecho en el pasado porque entonces no haces nada en el presente

También repite mucho que no hay que mirar al pasado, casi como si le tuviera fobia.
No es eso. Uno es lo que es a través de la vida que ha tenido y, por lo tanto, huir de ese pasado es imposible. Ya estás en un momento de tu vida donde has dejado atrás un montón de cosas, un montón de recuerdos, de hijos –o no– , de cosas que has creado, de trabajos que has hecho, de viviencias, los países donde has estado... Pero claro, no puedes estar toda la vida pensando en eso. Mi argumento es que no puedes estar pensando continuamente en lo que has hecho en el pasado porque entonces no haces nada en el presente.

Pero ese pasado enriquece el presente.
Exacto. Hay que aprovechar todo eso de una manera a veces consciente y la mayoría de las veces inconsciente. De hecho, no nos damos cuenta y muchas veces nos repetimos a nosotros mismos sin darnos cuenta. Yo a veces he estado escribiendo y me doy cuenta de que es algo que he escrito ya y tengo que tirar para atrás. Es inevitable que aparezcan cosas del pasado, pero lo importante es estar en el presente, trabajar en el presente teniendo en cuenta que hay un pasado que es pasado –la palabra es muy bonita–. En eso la fotografía es mágica.

¿A qué se refiere?
Ahora con las cámaras digitales, en el momento en el que haces una fotografía, cuando disparas, lo que tienes ya es el pasado, que es terrorífico, ¿no? Si te pones a pensarlo, incluso desde el punto de vista metafísico, nunca el hombre ha tenido la posibilidad de tener el pasado de inmediato, ahí mismo, en la mano. Lo cual es una tragedia, igual mañana te atropella un coche y ya no existes. La acumulación de cosas que has vivido es tal, es una cantidad tan enorme que, si tú quisieses escribir una autobiografía exacta deberías escribir cada día todo lo que te ha pasado. Es imposible, entonces haces un resumen de las cosas que te convienen decir. No vas a decir las cosas que no te convienen, sería una tontería. Bueno, a veces puedes ir también al lado negativo. Me enrollo mucho, ¿verdad?

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