Promover una atención al parto «personalizada y respetuosa que evite las intervenciones médicas sin motivo y promueva la participación activa de la madre». Ésta es la iniciativa que el Congreso de los Diputados aprobó en octubre para humanizar el parto. Pero por ahora en toda la comunidad sólo uno de los once hospitales públicos con maternidad, el de Fuenlabrada, impulsa los partos naturales, según la asociación El Parto es Nuestro , y ginecólogos independientes consultados por 20 minutos.
Esta forma humanizada de dar a luz, recomendada por la Organización Mundial de la Salud , destierra prácticas generalizadas como el rasurado genital, la episiotomía (incisión para ampliar la apertura vaginal) y la oxitocina (un medicamento que ayuda a provocar contracciones de forma artificial). Además, a la hora de parir se suprime la postura ginecológica (la mujer sobre una camilla con las piernas en un potro), para que la paciente pueda deambular por la habitación y parir en la posición que prefiera.
"Desde hace tres años cada vez más mujeres quieren humanizar el parto".
El parto natural está en auge en la región. «Hace cinco años nadie lo pedía, pero desde hace tres, cada vez más mujeres quieren humanizar este proceso», explica Regina Cárdenas, ginecóloga experta en este tipo de intervenciones.
Los hospitales madrileños están avanzando en esta opción, pero la comunidad «está por detrás de Cataluña, Valencia o Cantabria», debido a la «masificación» [los partos con intervención son más rápidos], según Mota.
Éxodo de pacientes a Úbeda
Como en Madrid apenas está extendido el parto natural, muchas madrileñas se van a dar a luz al hospital público San Juan de la Cruz de Úbeda (Jaén), donde desde hace casi una década las parturientas «tienen baños de agua caliente para reducir los dolores, caminan mientras dilatan y no se les ponen vías», explica una de las matronas. En la sanidad privada, los hospitales del grupo Quirón, la clínica Belén y la Milagrosa de Madrid también ofrecen estas alternativas.
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Tras una cesárea tuvo un parto vaginal
Patricia Sanz. Publicista, 37 años. «Fue la experiencia de mi vida »
Tras el nacimiento de su hija Carlota, hace siete años, a Patricia se le quitaron las ganas de volver a ser madre. «Tuve una cesárea en La Paz tras un parto inducido en el que me pusieron oxitocina, lo que me provocó unas contracciones muy fuertes». Recuerda esta vivencia como «muy dolorosa» y no sólo por el daño físico. «El trato humano fue muy malo, no me informaban de las cosas que me hacían, nunca supe quién era mi matrona y al menos diez estudiantes me hicieron tactos vaginales». Hace dos años se quedó de nuevo embarazada y decidió tener a Violeta como «siempre deseé». «Como en Madrid me dijeron que era muy difícil tener un parto natural, me fui a Alicante, a la clínica Acuario». Asegura que fue «la experiencia de mi vida». «En las seis horas de parto pude caminar, me daban masajes y cogí a la niña nada más nacer».




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