Jorge Barrero: "La mitad de las tareas, que no de los empleos, es sustituible por máquinas"

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Jorge Barrero: "La mitad de las tareas, que no de los empleos, es sustituible por máquinas"

Jorge Barrero
Jorge Barrero, director general de la Fundación Cotec para la Innovación. (JORGE PARÍS)
  • "El resto de Europa invierte un 25% más que antes de la crisis, y España, un 10% menos", advierte el director general de la Fundación Cotec para la Innovación.
  • "Se están produciendo cambios ya en el mercado laboral que son la punta del iceberg de lo que se nos avecina".
  • "Son muy pocos los empleos actuales que son cien por cien automatizables".
  • "Tenemos que trabajar para que la tecnología minimice las desigualdades".
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La Fundación Cotec pelea para que la innovación y la investigación tengan un mayor peso en España. Pero la tecnología actual, y la que se avecina, puede conllevar la destrucción de puestos de trabajo. Jorge Barrero cree que la preocupación está justificada, pero también que se puede afrontar si se planifica previamente y no se deja al azar.

¿A qué se dedica la Fundación Cotec?
Veterana en el estudio de la innovación, hace un par de años se refundó porque el entorno en el que trabajamos es muy distinto al que nos vio nacer a finales de los ochenta. Con tres grandes pilares. El primero, una visión más amplia de la innovación, no solo tecnológica, sino de todo conocimiento –no solo científico–, que genera valor –no solo económico–. Segundo, estamos entrando en el aspecto individual que supone la innovación y lo asemejamos con el deporte, que se entrena, como la innovación. Queremos que España haga con la innovación lo que ha hecho con el deporte, que ha pasado de gestas individuales a ser un fenómeno nacional. Y la tercera clave del cambio de Cotec es que tenemos que pasar de ser un generador de conocimiento, de informes, a colocar los mensajes adecuados en los lugares adecuados para cambiar el sistema de innovación en España.

¿España es un país creativo?
Hay que tener en cuenta la forma en la que se mide la innovación: a partir de países industriales de los años 70. Pero deberíamos medir otros indicadores para países como España, con más peso del sector servicios frente al manufacturero. Lo que ha hecho Ferrán Adrià no aparece en ninguna patente. O en el sector digital, donde las patentes ya no tienen tanta importancia; la idea brillante de Facebook se le ocurre a un chaval de 20 años que no necesitó una tecnología sofisticada para nacer. En innovación deben estar presentes a la vez tres elementos: cambio, conocimiento y valor. Se puede ser muy creativo, pero si la idea no tiene valor, no es innovación, es una ocurrencia.

Tras la crisis se mira al sector industrial porque su empleo aguanta mejor. Y eso implica I+D.
Es verdad que la ciencia no es la única fuente de innovación, aunque es la más poderosa. Y en ciencia, España ha hecho un recorrido espectacular, avanzando 20 puestos en el ranking internacional de producción científica, de la posición 32/33 en los años sesenta hasta la novena hace 4 o 5 años. Ahora hemos caído a la undécima y seguiremos cayendo si no hay una rectificación radical de las políticas de I+D en España. La caída del presupuesto ha sido dramática, el resto de Europa invierte un 25% más que antes de la crisis, y España, un 10% menos. Se ha perdido la confianza en la ciencia española y hemos dejado de ser un socio de referencia. Hace unos años España atraía talento de países como Francia y Alemania, estábamos empezando a competir en la primera liga.

Se puede ser creativo, pero si la idea no tiene valor, no es innovación, es solo una ocurrencia

La empresa española invierte poco en I+D.
Es fácil de explicar. En nuestro mix de economía tienen peso sectores que no necesitan invertir mucho en I+D para ser competitivos. Pero también hay una responsabilidad pública para incentivar la inversión en el sector privado. La Administración debe generar un entorno adecuado para que las empresas de alta tecnología se puedan desarrollar. Se ha destruido la mitad del tejido empresarial innovador en la crisis; otros países tienen políticas adecuadas que facilitan el crecimiento de estas empresas.

¿La tecnología, especialmente la automatización, destruye empleo?
La preocupación del impacto de la innovación sobre el empleo no es algo nuevo, existe desde los albores de la Revolución Industrial. Y está justificado, porque uno de los objetivos de la tecnología es sustituir tareas humanas, especialmente peligrosas y rutinarias. Pero en este momento, tenemos acceso a tecnologías que pueden sustituir muchas tareas que parecían difíciles de hacer por una máquina. En un estudio de Cotec, decimos que casi la mitad de las tareas que hacen los españoles en su trabajo son sustituibles. Y hacemos énfasis en que hablamos de tareas, no de empleos. Diseccionamos el día a día del trabajador, y en casi todos los empleos hay un porcentaje de tareas que son automatizables, pero son muy pocos los empleos que son cien por cien automatizables. Exige, pues, una revisión profunda de todas las concepciones.

¿Esto está generando preocupación en los trabajadores?
También hemos hecho un estudio de la percepción sobre la innovación y la mitad de la población española cree que la tecnología reducirá el empleo, y la otra mitad, que se compensará con la creación de otros nuevos. A nivel de expertos, la opinión también está dividida por igual. Pero nosotros no vamos a perder mucho tiempo decidiendo cuál de las dos corrientes tiene razón, estamos, eso sí, convencidos de que la inteligencia artificial y la robótica van a obligar a redefinir la naturaleza del empleo. En esto nos estamos centrando, en ver qué cambios necesitamos en la educación, en la legislación laboral, en la estructura de las empresas, en la cultura de los ciudadanos y el valor que tiene el trabajo, si nos dignifica como personas o no. Hay un montón de debates que abordar en los próximos años. En definitiva, la preocupación está justificada, pero estamos a tiempo de decidir qué tipo de sociedad queremos construir para los próximos 50 años.

¿El cambio tecnológico actual es más radical, digamos, que el de la Revolución Industrial?
El cambio en algunos sectores es bastante disruptivo y está justificada la inquietud. En Cotec pensamos que este cambio va a ser profundo y rápido. La evolución en la Prehistoria de nómadas a agricultores supuso el salto más radical para la humanidad y es un ejemplo de lo traumático que puede llegar a ser. Condujo a importantes desigualdades, una minoría vivió mejor y una mayoría perdió calidad de vida que hasta 8.000 años después no se recuperó. En la Revolución Industrial, las dificultades se superaron en décadas. En el caso de la inteligencia artificial y la industria 4.0, la transformación será muy rápida. Pero si estos cambios son para bien, dependerá de planificarlo para que la sociedad que nuestros hijos hereden sea mejor. Y, para eso, tenemos que ponernos de acuerdo sobre qué es una sociedad mejor.

La mayoría de los españoles piensa que la tecnología aumentará las desigualdades

¿Cree que los políticos son conscientes de la profunda transformación que implica la tecnología?
No lo creo. Al menos en España no está en la agenda política. Los debates que hay sobre reforma laboral me suenan muy antiguos. Me preocupo cuando oigo si la indemnización por despido debe ser de 20 o 30 días, sabiendo que la mayoría de los jóvenes no va a trabajar suficiente tiempo para que eso sea relevante. Se están produciendo cambios ya en el mercado laboral que son la punta del iceberg de lo que se nos avecina.

La percepción de cómo afectarán estos cambios ¿es igual en todas las capas de la sociedad?
Vemos diferencias entre lo que perciben los hombres y las mujeres. Estas últimas se sienten más preocupadas y menos capaces de afrontar el cambio. ¿Significa que no lo estén? Quizá lo que significa es que son más conscientes del cambio y, por tanto, están más preocupadas. Hablamos de percepción, de lo que se piensa. Los jóvenes son más conscientes de la profundidad de la transformación, pero se sienten más preparados. En cambio, hay una población de mediana edad que no cree que un robot vaya a sustituir ninguna de las tareas que realiza.

Hay una pregunta en el estudio sobre si la tecnología creará desigualdades. ¿Las creará?
Es la que más me inquieta, pues la mayoría de los españoles cree que la tecnología aumentará las desigualdades. Pero a la vez, la mayoría está a favor de una sociedad más tecnológica. Lo cual implica que se acepta que la desigualdad es un efecto colateral de la tecnología que estamos dispuestos a asumir. Yo me revelo contra eso. Tenemos que trabajar para que la tecnología minimice las desigualdades.

¿Hay países que están planificando esta transición?
Sí. Hay países que están haciendo reflexiones muy serias sobre la semana laboral de 4 días o la renta básica universal. Y en algunos de estos países ni siquiera son ideas nuevas. En EE UU hicieron pilotos sobre estas cuestiones en los años 60 o economistas de los años 30 ya vaticinaban cómo sería el empleo en nuestra época. Hay que hablar con tranquilidad, pero con profundidad.

La ciencia no es la única fuente de innovación, pero es la más poderosa

¿Qué tipo de empleos dejaría fuera la automatización?
La probabilidad de que un empleo sea sustituido, según los expertos, no tiene que ver tanto con que sea repetitivo, sino con que sea predecible. Como he dicho, es muy difícil que haya empleos automatizables al cien por cien, aunque los hay y podemos imaginar alguno. Pero al margen de estos, lo que sí vemos es que pueden cambiar las prioridades de algunos empleos. Un caso típico es la salud. Una de las habilidades que más admiración genera de los médicos es su capacidad para diagnosticar; pues eso es fácilmente automatizable y ya existen programas. ¿Eso significa que los médicos están condenados a desaparecer? No. Además, pueden cambiar las relaciones jerárquicas, porque el trabajo de un médico es más automatizable que el que hace un enfermero.

¿Qué trabajos tendrán menos riesgos?
En general, los perfiles profesionales que nos educan, nos cuidan, nos entretienen, nos escuchan, que tendrán una mayor relevancia y reconocimiento social. Y creo que también los periodistas, pero de otra manera a la actual.

Pero a estas profesiones se les da poco valor hoy.
Cuando seamos ancianos y necesitemos a una persona para cuidarnos, y no queramos que lo haga un robot, se tendrá que valorar y pagar. El mercado se ajusta. Lo que sí debemos es preocuparnos de cómo vamos a cambiar, en qué deberán formarse nuestros hijos. Nuestros padres nos decían que teníamos que aprender informática e inglés, y tenían razón. Pero ¿lo que era bueno para nosotros lo es para nuestros hijos? Tengo dudas. En inglés, por ejemplo: una de las tecnologías más disruptivas que ya estamos viviendo será la traducción simultánea. En diez años, todo el mundo podrá escuchar cualquier lengua en tiempo real con unos casquitos. Podrá trabajar en inglés o suajili en tiempo real, por lo que los idiomas aportarán poco valor laboral. Con la informática estamos muy deslumbrados, pero muchas de las profesiones del mundo TIC van a ser automatizables. Se necesitará una base de usuario, pero solo una élite trabajará en informática.

¿La educación española está preparada para afrontar este reto?
En absoluto, y es muy difícil que se prepare porque los procedimientos para modificar programas educativos pueden durar casi una década.

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