Los varones jóvenes de esta república islámica pueden llevar el pelo largo, temiendo poco que los vigilantes religiosos Basij les increpen rudamente y les obliguen a cortarse este símbolo de la moda 'occidental'.
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Sin embargo, algunas jóvenes iraníes embutidas en tacones temen que estas pequeñas libertades estén suavizando la oposición al sistema de la República Islámica y que los jóvenes se olviden de exigir reformas políticas más profundas.
Algunos incluso esperan un endurecimiento del sistema tras las elecciones presidenciales del viernes.
'La juventud estaba presionando para conseguir más libertades, pero la clase de libertad que ellos (las autoridades) dan no es una libertad real (...) La juventud no se da cuenta lo que está pasando', dijo Azadeh, de 26 años, que como muchas de sus amigas se ha retocado la nariz.
'La cara es lo único que pueden mostrar las chicas iraníes', explicó desde el rincón de un café sentada junto a su novio, una relación que habría sido prohibida hace escasos años.
Desde que el presidente saliente, el reformista Mohamed Jatamí, llegó al poder hace ocho años, los pañuelos que debían ocultar sus cabezas han sido relegados, los dos sexos pueden mezclarse más abiertamente en público y los vigilantes religiosos son menos activos.
Sin embargo, las reformas políticas de Jatamí respecto a libertades civiles y los esfuerzos para otorgar más poder el presidente electo fueron bloqueados sistemáticamente por la órganos de supervisión de línea dura.
'Se notan cambios en la apariencia de la gente. Un ejemplo es la hijab (pañuelo) o las relaciones entre los sexos opuestos', dijo Shahin, de 24 años, un estudiante con melena.
Sin embargo, la juventud se ha distraído de las verdaderas reformas a medida que se concede más libertad social, dijo. 'Cada vez menos jóvenes se implican en política', añadió.
En las zonas más acomodadas de Teherán, donde los precios inmobiliarios se han disparado a tenor de la subida de los precios del petróleo, los jóvenes salen de sus casas con más libertad, sin preocuparse en absoluto del ominoso golpe en la puerta de los paramilitares religiosos.
Y en las semanas previas a la consulta electoral, donde los votantes eligen entre ocho candidatos apoyados por el estricto Consejo Guardián, las restricciones se han relajado bastante. Los jóvenes utilizan los mítines para flirtear en público.
'Es la rutina. Antes de las elecciones nos dan una cierta libertad, pero luego la frenan', dijo Farahnooz, de 27 años, que como muchos votantes desencantados dicen que no votará porque todos los candidatos habían sido elegidos por la clase política dirigente.
Los analistas dicen que aliviando las restricciones sociales se pueden ganar votos y conseguir una participación más alta, que es lo que quieren las autoridades para respaldar la teocracia iraní, donde la última palabra en cuestiones de Estado la tiene el líder supremo radical Ali Jamenei.
/Por Edmund Blair y Amir Paivar/


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