La tensión entre el Gobierno y la oposición en Bolivia creció este miércoles por el paro que observaron seis de las nueve regiones del país, con una nueva convocatoria a una huelga de hambre desde el lunes contra el presidente Evo Morales.
Los líderes de la rica región de Santa Cruz llamaron a todos los prefectos (gobernadores), dirigentes cívicos, y a miembros de la Asamblea Constituyente, a iniciar ese día una huelga de hambre "nacional e indefinida", la "resistencia civil" y hacer denuncias en foros internacionales sobre la situación de Bolivia.
El paro vivido en Santa Cruz, Cochabamba, Tarija, Beni, Pando y Chuquisaca fue declarado un "éxito" por sus convocantes, mientras que el Gobierno la tildó de un "fracaso". Las regiones rebeldes suman el 80 por ciento de la economía del país, casi dos tercios del territorio, y el 58 por ciento de los casi diez millones de bolivianos.
El incidente más violento se produjo en la ciudad amazónica de Cobija, en Pando, donde la casa del senador suplente Abraham Cuéllar, acusado por opositores de "venderse" al Gobierno, fue quemada por una turba. También hubo bloqueos de carreteras en Santa Cruz y choques entre los oficialistas y opositores en Cochabamba.
Morales agradeció a los movimientos campesinos e indígenas que le son fieles el haber hecho posible, con su movilización ante el Congreso, la aprobación de las leyes sobre la renta de vejez y el permiso para cambiar de sede la Asamblea Constituyente. El presidente afirma que las manifestaciones contra él son una "huelga de ricos" contra la unidad del país.


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