El presidente boliviano, Evo Morales, y la oposición radicalizaron este lunes sus discursos, compitieron con manifestaciones multitudinarias en La Paz y Santa Cruz, desoyeron los llamamientos a la moderación y parecen dispuestos a medir sus fuerzas en una confrontación violenta.
Los líderes de ambos bandos se culparon mutuamente, con similar tono incendiario, de la violencia, que causó cuatro muertos y 300 heridos en Sucre desde el pasado fin de semana, y de dividir a Bolivia y llevarla a una guerra.
Obviando tres días de disturbios en Sucre, por la decisión del oficialismo de aprobar su nueva carta magna, que trata de incluir la tradición indígena del país, sin contar para nada con la oposición, Morales pidió a sus constituyentes que vuelvan a reunirse para acabar el proceso. "Ojalá nuestra compañera Silvia Lazarte, presidenta de la Asamblea, convoque de una vez para terminar", dijo Morales ante miles de partidarios en La Paz, y agregó sobre los asambleístas opositores: "Si no quieren venir, igual".
Morales aseguró que no es una constitución solo de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), sino de "diez agrupaciones políticas" que, según él, la votaron el sábado en Sucre, en alusión a grupos minoritarios aliados.
Cuando terminaba el mitin de Morales, la oposición comenzaba el suya en la ciudad oriental de Santa Cruz, la más próspera del país, con retórica igualmente radical y sin escuchar los llamamientos al dialogo y la moderación que han hecho la ONU, la OEA, la Unión Europea y países como España. El presidente del Comité Cívico cruceño, Branco Marinkovic, dijo que Morales "mandó matar" a las cuatro víctimas de Sucre, y le acusó de manejar al país como un "sindicato" cocalero, en alusión a que el mandatario sigue siendo presidente de las asociaciones de productores de hoja de coca.


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