Sharif, destituido por Musharraf hace ocho años, llegó a Pakistán el domingo desde su exilio en Arabia Saudí arguyendo que el aliado de Estados Unidos, que impuso el estado de excepción el 3 de noviembre, ha llevado al país al borde del desastre.
El que fuera dos veces primer ministro en los 90 dijo que no sería candidato al mismo cargo bajo el Gobierno de Musharraf, y añadió que mantiene la opción de boicotear las elecciones del 8 de enero.
'No queremos boicotear las elecciones, pero si presionas a alguien contra la pared, entonces ¿qué opciones te quedan?', dijo en una conferencia de prensa en Lahore.
Los gobiernos occidentales temen que la declaración del estado de excepción y las medidas para reprimir manifestaciones en Pakistán den ventaja a los islamistas que amenazan a la única nación musulmana con armas nucleares.
Ha habido más de 25 atentados suicidas desde que los islamistas intensificaron una campaña en julio. Los últimos dos dejaron 15 muertos el sábado en Rawalpindi. Además, otros 15 milicianos murieron en un enfrentamiento en Swat Valley en el noroeste de Islamabad.
SEGUNDO PERÍODO
Se espera que Musharraf, al tener asegurado un segundo período presidencial de cinco años, gracias a un nuevo comité de jueces favorables que le confirmaría su reelección por el Parlamento, renuncie como jefe del Ejército y jure el cargo como presidente civil en los próximos días.
Impopular, aislado políticamente y desesperado por obtener el respaldo de un nuevo parlamento, tiene que enfrentarse ahora con dos rivales a los que acusó de corrupción y ha tratado de marginar en los últimos ocho días.
Musharraf permitió que Benazir Bhutto, quien también fue dos veces primera ministra, regresara a Pakistán el mes pasado anulando los cargos judiciales en su contra, con la esperanza de que se convirtiera en una aliada tras las elecciones.
Pero las relaciones entre ambos se complicaron tras el atentado suicida que dejó al menos 139 muertos el mismo día de su regreso, y las tensiones aumentaron aún más cuando el presidente paquistaní declaró el estado de excepción, destituyó jueces, detuvo abogados, opositores y activistas de derechos humanos.
Bhutto, cuyo partido participaría en las elecciones bajo protesta, dijo que el regreso de Sharif es un paso positivo y presionará al oficialismo.
El fiscal general Malik Abdul Qayyum dijo al canal de televisión Dawn que es 'muy poco probable' que Sharif pueda presentarse como candidato debido a las dos condenas en su contra tras su destitución en 1999.
/Por Kamran Haider/.*.


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