El calentamiento del planeta se traducirá en un incremento de las temperaturas, aumento del nivel del mar que inundará zonas hoy habitadas y redistribución de las precipitaciones, más escasas en algunos lugares y torrenciales en otros.
Y, según los expertos del Panel Intergubernamental Para el Cambio Climático (IPCC), es probable que estas alteraciones tengan consecuencias sobre la salud de millones de personas, especialmente las que viven en zonas desfavorecidas del planeta, donde se prevé un aumento de la malnutrición y las enfermedades diarreicas.
Además, auguran un incremento de los problemas cardiorrespiratorios, por las altas concentraciones de ozono a nivel del suelo, así como la modificación de la distribución de las enfermedades infecciosas.
El IPCC reconoce también que el cambio climático puede ocasionar efectos mezclados, tales como la disminución o aumento de la tasa y del potencial de transmisión del paludismo en África, y hace hincapié en la importancia crítica de mejorar los factores que inciden directamente sobre la salud, como la educación, la asistencia sanitaria, el acceso a agua potable y a una red de saneamiento adecuado.
Efectos en el primer mundo
Los efectos también llegarán al primer mundo. En Europa y Norteamérica el mayor riesgo serán las olas de calor y la posibilidad de que algunos insectos transmisores de enfermedades como la malaria prosperen.
La aparición en Europa del mosquito tigre (Aedes albopictus) contribuye a alimentar este temor. Este insecto podría transmitir el dengue, el chikungunya o el virus del Nilo.
Sin embargo, los expertos señalan que, junto a unas condiciones climáticas favorables, se requieren también unas condiciones higiénicas desfavorables para la propagación.
La mayor amenaza del cambio climático para la salud estaría relacionada en la mayoría de los casos con el deterioro de condiciones higiénicas en países que ya de por sí están en una situación bastante precaria. Allí se podrían crear reservorios de agentes patógenos, capaces de viajar a países desarrollados gracias a los movimientos de personas cada vez más frecuentes.
Para algunos expertos, la llegada de personas infectadas por algún agente de alto riesgo a zonas de más alto nivel de vida únicamente podría significar la aparición de casos aislados y fáciles de contrarrestar.
Sin embargo, César Nombela, catedrático de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense, opina que "puede ser que en algún caso las personas sean el vehículo que utiliza un patógeno para dar el salto a un ambiente no preparado para combatirlo en el que consiga proliferar".
A juicio de Nombela, un aspecto fundamental a tener en cuenta es que sólo conocemos el 1% de los microorganismos y la evolución microbiana es un proceso bastante rápido debido a que se multiplican con mucha rapidez y mutan con facilidad.
Un ejemplo es el de la legionela, una bacteria que estaba presente en el medio ambiente y producía infecciones aisladas conocidas como fiebre de Pontiac, hasta que en 1976 se acantona en las instalaciones de aire acondicionado en una convención de la Legión Americana en Pensilvania, provocando neumonía en más de doscientas personas. Desde entonces es una enfermedad de declaración obligatoria.
Las pérdidas de biodiversidad, otra de las consecuencias del calentamiento global, también modifica la dispersión de los patógenos. Ésta fue una de las conclusiones del simposio organizado por la Fundación Lilly, codirigido por el doctor Nombela, sobre "cambios ambientales, sistemas microbianos e infecciones" celebrado en el mes de noviembre en Madrid.
El cambio climático puede también obligar a las aves migratorias -posibles reservorios de patógenos como el virus de la gripe aviar- a cambiar sus rutas, propiciando que entren en contacto con zonas de avicultura intensiva, advierte Nombela.
Sistema Mundial de Alerta
En 1996, la OMS estableció un Sistema Mundial de Alerta y Respuesta a Brotes Epidémicos que permitieron controlar por ejemplo, la expansión del virus causante del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), localizando y aislando a las personas enfermas.
Aun así, desde China el SARS llegó en poco tiempo hasta Canadá y otros lugares del mundo. Y es que, como señala este organismo internacional en el "Informe para la salud en el mundo 2007", las compañías aéreas transportan hoy a más de 2.000 millones de pasajeros cada año.
Por eso se destaca en el citado informe la aplicación del Reglamento Sanitario Internacional, que pretende abarcar cualquier emergencia con repercusiones sanitarias internacionales, incluidos los brotes de enfermedades emergentes y epidemiológicas, las de transmisión alimentaria, los desastres naturales y los incidentes químicos. El objetivo es la pronta detección y control de las enfermedades en las fronteras.


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