«Engañado, vulnerado en mis derechos y como una mercancía», así es cómo se siente Agustín Carreño, un valenciano de 32 años a quien, el pasado miércoles 14 de noviembre, le practicaron una operación de hernia inguinal en el hospital de la Malvarrosa.
Hasta aquí nada anormal. Todo empezó cuando pidió una ambulancia para poder volver a su casa de Silla tras la intervención, ya que la cirugía mayor ambulatoria no requiere ingreso. «Una semana antes ya me dijeron que tenía que venir con alguien que tuviera coche, porque ponerme una ambulancia supone mucho gasto», explica.
Como no pudo hacerlo, tras la intervención volvió a pedir este medio de transporte. Se lo negaron, pese a que el parte de alta refleja que debía estar «en posición horizontal 24 horas». Así, salió del hospital en una silla de ruedas, empujado por un celador, y volvió a casa tumbado en la parte trasera de un taxi, que, además, tuvo que abonar.
«Me fastidia que, si no estoy en condiciones, tenga que pagar los 21 euros». Agustín va a poner una queja cuando esté mejor, y en Sanidad aseguran que poner una ambulancia «depende del médico», y no es habitual.
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