Niños ateridos de frío durmiendo con la ropa puesta y cubiertos con cuatro mantas. «Los hay que han cogido la gripe y tenemos que ponerles tres jerséis», explica Mohamed, vecino del poblado de la Cañada Real (40.000 habitantes).
Mohamed vive en la zona marroquí del asentamiento, la misma en la que hace un mes un desalojo acabó en una batalla campal entre Policía y vecinos (se saldó con 22 heridos) y en la que, desde el lunes, 20.000 personas malviven sin luz ni calefacción tras la explosión de dos transformadores eléctricos.
Ambos transformadores eran gestionados por los propios vecinos. Ellos pagaron su construcción, «porque los Ayuntamientos de Rivas y de Madrid se negaban a ponernos electricidad», explica Miguel Martín, presidente de la asociación de vecinos. Como estas viviendas son ilegales (a pesar de pagar IBI), nadie se hace cargo del problema, por lo que los vecinos están haciendo un fondo común para arreglar los transformadores por su cuenta y riesgo.
Viviendas empantanadas
«La situación es insostenible», afirma Martín, sobre todo desde que el Ayuntamiento de Rivas también les cerrara una canalización contra la lluvia que ha dejado empantanadas la entrada a las casas.
Los transformadores se sobrecargaron debido al exceso de radiadores que los vecinos habían activado durante los últimos días por el frío. El apagón dejó sin luz hasta a la mezquita, «pero aún seguimos rezando», afirman.


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