Esta vez el realizador ha preferido retomar sus raíces como director de películas de serie B, alejándose del tono dramático de Cadena perpetua (1994) y La milla verde (1999).
En sus comienzos, Darabont escribió los guiones de cintas de terror como la tercera parte de la saga Pesadilla en Elm Street, la secuela de La mosca o The Blob: el terror no tiene forma.
"Siempre me gustó ese tipo de material; me encantaban todas las películas de terror antiguas de la Universal", aseguró el director al rotativo The New York Times.
La fructífera relación entre Darabont y King se remonta a 1977, antes de que se hicieran famosos, cuando King le vendió a Darabont los derechos de The Woman in the Room por un solo dólar y cuya trama el director convertiría en el guión de un cortometraje dieciséis años después.
The Mist, publicada originalmente como parte de la colección de King titulada "Skeleton Crew", es uno de los primeros clásicos del autor, que se ambienta en el pequeño pueblo de Bridgton (Maine, EEUU) y cuya atmósfera se ve envuelta de una espesa niebla que oculta la llegada de monstruos de otro mundo y obliga a sus residentes a encerrarse en un supermercado.
"Si la historia se centrase sólo en los monstruos, no me habría interesado; trata de la condición y el comportamiento humanos, pero me encantó volver a este género", admitió Darabont.
Tras un centenar de adaptaciones al cine de sus novelas, algunas tan populares como El resplandor, de Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson, y Carrie, con Sissy Spaceck, a King no le afecta el resultado final de esas obras.
"¿Basura o tesoros? Casi ni me importa", admite King. "A veces ocurren buenas cosas. Creo que Rob Reiner hizo algo excepcional cuando convirtió 'The Body' en Cuenta conmigo. Siento lo mismo sobre Cadena perpetua. Pero creía que El cazador de sueños podría estar bien, y no fue así", dijo el escritor en relación a la película de Lawrence Kasdan de 2001.
Darabont decidió, de manera unilateral, dar a The Mist un tono realista, casi documental, algo que considera fundamental para que el público tomara en serio su propuesta.
"Si echas un vistazo a El exorcista, parte de lo que hace que dé tanto miedo es que parece muy real; si añades una capa de demasiada histeria, la gente no se lo toma en serio. Pero si apuestas por ser realista, el horror -la razón por la que vemos estas películas- se ve reforzado", concluyó.













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