Parece que el Ayuntamiento de Oviedo tiene previsto instalar cámaras en los semáforos para pillar a los imprudentes que se los saltan, tanto si son peatones como si son vehículos. Por desgracia, eso ocurre con tanta asiduidad en nuestras ciudades que un amigo inglés siempre dice que para los españoles los semáforos dan una opinión, pero no parecen obligatorios como en su país.
Es probable que los interpretemos así, pero el resultado es de una inseguridad creciente y mucho mayor cuando se trata de vehículos de dos ruedas, muchos de cuyos ocupantes han tomado como norma no detenerse jamás. En estas circunstancias, tener algún tipo de impedimento para caminar, andar con lentitud o, simplemente, ser mayor multiplica las dificultades de alcanzar la orilla contraria a salvo.
El tráfico está previsto para los ágiles, pero no todos lo son y, sin embargo, resulta evidente que tenemos los mismos derechos para cruzar y cambiar de acera, tarea que a veces parece imposible por la presión insoportable de la mayor parte de los vehículos. ¿O no?


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