Cómo echar a un inquilino moroso

Cómo echar a un inquilino moroso
Para conseguir desalojar la vivienda se necesita primero una orden del juzgado. (Jorge París).
Desahucios. Dejar de pagar las cuotas de alquiler o hacer obras sin permiso son algunas de las razones que pueden motivar un desalojo.

Impagos, destrozos, incumplimientos de contrato… Cuando el propietario ya no puede más y su inquilino se niega a abandonar la vivienda, la única solución es el desahucio, o lo que es lo mismo, su desalojo por orden judicial.

Aunque en la práctica la mayoría de los casos se originan por falta de pago, la ley contempla otras causas para poder emprender un proceso de desahucio. Si el inquilino, por ejemplo, subalquila la vivienda sin el consentimiento del propietario, causa daños de importancia o realiza obras sin permiso, también será susceptible de ser desahuciado.

Otros motivos contemplados para hacer efectivo un desahucio son el empleo de la casa para un fin distinto al de vivienda habitual o llevar a cabo en ella actividades molestas, insalubres, peligrosas o ilegales. Además, al redactar el contrato de alquiler, el propietario puede establecer una serie de requisitos –como la tenencia de animales– que, si no se cumplen, le permitirán anular dicho contrato y exigir que el inquilino abandone la casa.

Una carrera de fondo

Para iniciar un proceso de desahucio, el arrendador deberá presentar ante el juzgado una demanda en la que explique la situación. El juez tendrá así un plazo de seis días para citar a las partes en un juicio verbal. Una vez escuchadas sus posturas, el juez dictará sentencia en los 15 días siguientes. Si el juez da la razón al propietario, el inquilino tendrá ocho días para abandonar la casa. En caso de no hacerlo, se procederá al desalojo forzoso, con las Fuerzas de Seguridad si es necesario. También se pueden embargar sus bienes para cubrir la deuda o los gastos ocasionados por los destrozos.

A pesar de la existencia de este procedimiento simplificado, en la práctica estos plazos no suelen cumplirse, ya que dependen de la agilidad del juzgado y de los trucos del inquilino para no irse, como provocar la anulación del juicio por un error de forma en la citación o, simplemente, no abrir la puerta para recoger personalmente la citación.

Al 80% le gusta su morador

Aunque el miedo a alquilar de muchos propietarios pudiera dar a entender lo contrario, lo cierto es que los problemas con los inquilinos son minoritarios. El 79% de los caseros nunca han tenido problemas con sus inquilinos, según el último estudio del Observatorio del Alquiler. El 80% de los entrevistados califican la experiencia del arrendamiento como satisfactoria; un 12%, como muy positiva; y sólo el 8% dice que es negativa. Además, el 77% de los propietarios aseguran que recomendarían el alquiler a sus familiares y amigos.

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