Traducciones de títulos: tan discutibles como la película en sí. La cartelera está llena de casos indignantes, sorprendentes y a veces brillantes. La lista es infinita, pero aquí van algunos ejemplos de un fenómeno que tampoco es exclusivo de aquí. Esperen a ver cómo se llamaba Thelma y Louise en México, o la española Mar adentro en Japón.
La gracia del pareado
Tras miles de películas y un público cada vez más perezoso a la hora de ir al cine, las distribuidoras tienen que exprimirse los sesos para llamar la atención. ¿Por qué no una simple traducción del título original? ¿Por qué no llamar a The Pacifier, con Vin Diesel, El chupete? No. Si es comedia y está dirigida a los jóvenes, mejor un pareado: Un canguro super duro. O Dos colgaos muy fumaos (en lugar de Harold y Jumar van al Castillo Blanco) o Zafarrancho en el rancho (que debería ser Espacio vital).
No es un fenómeno nuevo. Hablen de clásicos con amigos extranjeros y verán qué difícil. Seguro que a todos les gustó, pero pasarán minutos hasta comprender que Con faldas y a lo loco, Cuanto más caliente mejor y Una Eva y dos Adanes son la misma película según sea en español, brasileño o argentino: la enorme Some like it hot. Lo mismo pasa con La ley del silencio (On the waterfront o En los muelles, pero en Sudamérica Nido de ratas) o Airplane!, para nosotros Aterriza como puedas y para un argentino ¿Dónde está el piloto?.
Ya no se respeta ni a HitchcockCuesta encontrar una sola película del genio inglés cuyo nombre no haya sido mancillado (quizá Psicosis, que extrañamente no se tradujo como La ducha asesina o Mamá amada pero mejor disecada). Del resto, se salvan pocas: North by Northwest (Norte por noroeste) era Con la muerte en los talones; Dial M for murder (Marque A para asesinato) se convirtió en Crimen perfecto y Vertigo -¿para qué traducir Vértigo?-, De entre los muertos, arruinando la sorpresa de la película.
Pero es que 'destripar' finales es una de las aficiones favoritas de los 'bautizapelículas'. No había necesidad alguna de aclarar que El bebé de Rosemary era La semilla del diablo, ni que el extraterrestre que llegó El día que se detuvo la Tierra venía a darnos un Ultimátum. Atrapado por su pasado dejaba claro cuál era el camino que atormentaba a Carlitos y El bosque, en original The village, que algo olía a podrido tras esos frondosos árboles. Nada comparable, en todo caso, al título mexicano de Thelma y Louise: Un final inesperado... a menos que te lo advirtieran.
Jo, qué título¿Para qué tocar lo que está bien? Si un musical se llama The Sound of Music, ¿porqué llamarlo Sonrisas y lágrimas?. Porque quizá aún puede ser peor y llamarse, como en Sudamérica, La novicia rebelde. ¿Y Jo, que noche? ¿A quién puede apetecerle ver algo con ese nombre? Sólo a quien sepa que se trata de After hours, un magnífico filme de Scorsese. A Viggo Mortesen no se le cayeron los anillos por rodar Hidalgo, un título perfecto para el mercado español a menos que lo cambies por ¡Océanos de fuego!
The Blues Brothers, sobre dos hermanos con ese apellido que además tocaban blues, eran unos Granujas a todo ritmo. Die Hard, en muchos lugares Duro de matar, fue La jungla de cristal porque no quedaba una ventana intacta. ¿Pero qué hacer con la segunda y tercera parte, rodadas en un aeropuerto y en un centro comercial? Pero qué esperar, cuando Algo divertido pasó de camino al Foro se transforma en Golfus de Roma...
Rompiendo las... ¿qué?
Al otro lado del charco pasa lo mismo. Hay casos justificados, como el Breaking the waves de Von Trier llamado en Argentina Contra viento y marea: el español Rompiendo las olas sonaba demasiado parecido a una expresión vulgar en ese pais. Lo que ya no tiene perdón es llamar El extraño mundo de Jack a Pesadilla antes de Navidad, o Tiempos violentos a Pulp Fiction. Macaulay Culkin no se quedaba Solo en casa sino que era Mi pobre angelito, y el Woody Allen de Toma el dinero y corre estaba condenado desde el primer fotograma: en Argentina era Robó, huyó y lo pescaron. Al otro lado de la balanza, en cambio, la brillante traducción de Chicken run: un simpático y fiel Pollitos en fuga.
El artículo puede convertirse en algo tan grande como las mandíbulas (Jaws) de Tiburón. El debate queda abierto y, para no ser tan negativos, sugerimos dos aciertos locales: Centauros del desierto suena más épico y grandioso que Los buscadores, que es como hablar de los rivales de Google, y en Le Samourai Alain Delon no usa katana y se pasa media peli callado, por lo que admitimos El silencio de un hombre. Y, para consuelo final, pensar que tampoco a los extranjeros le es fácil: basta ver que Mar adentro, en Japón, era Un sueño que vuela sobre el agua.















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