Jerusalén, 1191 d. C. La Tercera Cruzada está destrozando la Tierra Santa. En este original escenario, el jugador toma un papel no menos peculiar: el de un pacificador –en realidad un asesino– que debe acabar con figuras clave de los dos bandos (cruzados y sarracenos) para terminar con el conflicto.
Con este planteamiento, en el que se van entremezclando intrigas y conspiraciones, comienza Assassin’s Creed, uno de los títulos más esperados para PlayStation 3 y Xbox 360.
La expectación que ha causado este juego se debe principalmente a dos razones: su gran realismo gráfico y la libertad de acción que deja intuir.
En primer lugar, la ciudad de Jerusalén se muestra rebosante de vida, con cientos de personas distintas que se comportan de forma diferenciada (mendigos, comerciantes, transeúntes...) y que entorpecen nuestro paso.
En cuanto a la libertad, Altair –el protagonista– es capaz de moverse a sus anchas andando, corriendo, escalando edificios, saltando de azotea en azotea o blandiendo sus armas. El libre albedrío llega a tal punto que es posible acabar con un inocente si el jugador así lo desea. Eso sí, al hacerlo, la gente huirá, gritará y los guardias acudirán alarmados a detener al asesino.
Avalado por la crítica y con el valor añadido de no explotar una licencia famosa o una saga trillada, este juego es ya para muchos uno de los imprescindibles de la temporada.


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