La ciudad le puso su nombre a una de las plazas del castizo barrio de San Lorenzo. Se hizo a modo de tributo por su contribución al mundo del arte. Los graffitis y las pintadas no tienen nada que ver con los versos y la extensa obra literaria del poeta cordobés Juan Bernier. Por más esfuerzos que hacen los operarios de Sadeco por eliminar estos actos vandálicos, no logran erradicarlos. Los vecinos critican el lamentable estado en el que ha quedado la plaza.
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