La historia que se escuchó ayer en la Audiencia es rocambolesca y parece comenzar cuando P. J. L., la denunciante, se encomendó a J. S. B. en el año 2000 para que le ayudase a encontrar a un misionero, amigo de la infancia, al que quería ayudar económicamente en su labor pastoral.
El director de la oficina, al fracasar en su intento de encontrar al misionero, decidió hacerse pasar por él. Así envió una carta a la anciana reseñándole un número de cuenta en el que podía hacer el ingreso de sus donativos.
Lo suplantó durante más de cinco años
Durante los siguientes cinco años se repitió el mismo esquema. La anciana mandaba dinero, a veces cantidades pequeñas de 900, 1.200 o 2.000 euros, y otras más grandes que pudieron llegar hasta los 30.000; el falso misionero le escribía una carta agradeciéndole el ingreso y pidiendo más dinero; se la daba a la denunciante y ésta le decía al director del banco que preparase otro ingreso. Así una y otra vez.
En ese tiempo, P. J. L. recibió cartas de Pakistán, Afganistán, India, Etiopía... en las que igual le pedía dinero para medicinas que para hacer viajes a zonas necesitadas. Su descaro le permitió pedir fondos a la anciana para construir un hospital de campaña, comprar una ambulancia e incluso para salvar la vida a tres vírgenes.
Durante esos años, la anciana no sospechó nada. Sin embargo, el osado director de banca cometió un error y le habló en una carta de una enfermedad. Esto preocupó a la demandante que pidió a una sobrina que localizase al misionero para interesarse por su salud.
Cuando llamó a Médicos Mundi (organización para la que supuestamente trabajaba el misionero) y le dijeron que el sacerdote no sólo había abandonado las labores misioneras, sino que había muerto en 1996, se destapó el engaño.
Una estafa millonaria
El Fiscal acusa al director de esta sucursal bancaria de un delito continuado de estafa y falsedad en documento privado y, tras aceptar dos eximentes, solicita para él una pena de tres años de cárcel y una multa de 10 meses a razón de 10 euros diarios. Asimismo, exige que se indemnice a la víctima con 84.000 euros.
La acusación particular solicita un total de 22 años de prisión por diversos delitos: estafa, falsificación en documento privado, violaicón de correspondencia privada, amenazas. Solicita además una indemnización de 272.941 euros para P. J. L.
El acusado, que aseguró ayer estar "arrepentido", acepta ser culpable de un delito de apropiación indebida, castigado con pena de seis meses. Además, se ha comprometido a restituir el dinero.
La causa quedó ayer vista para sentencia.
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