El presidente Pervez Musharraf, presionado por su decisión de suspender la Constitución y purgar el Tribunal Supremo, dijo a diplomáticos el lunes que estaba decidido a dimitir como jefe del Ejército y convertirse en un presidente civil.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que considera a Musharraf como un aliado en su batalla contra Al Qaeda y los talibanes, pidió un rápido regreso al gobierno civil y la liberación de los cientos de detenidos desde el sábado.
Se desconocía si las elecciones parlamentarias previstas para enero continuarían adelante, pero el fiscal general, Malik Abdul Qayyum dijo a Reuters:
'Se ha decidido que no habrá retraso en las elecciones y para el 15 de noviembre estas asambleas (nacionales y provinciales) serán disueltas y la votación se realizará en los próximos 60 días', indicó.
Pero no estaba claro cuándo levantaría Musharraf el estado de emergencia, que impuso el sábado, citando una judicatura hostil y un aumento del extremismo.
Musharraf, que se hizo con el poder en 1999 estaba esperando que el Tribunal Supremo decidiera si su reelección como presidente mientras continúa siendo jefe del Ejército era válida, tuvo que desmentir los rumores de que estaba bajo arresto domiciliario.
'QUEREMOS ELECCIONES LIBRES'
El primer ministro, Shaukat Aziz, afirmó que es necesario que se concluyan los casos importantes pendientes en el Tribunal Supremo, incluyendo la reelección de Musharraf, antes de celebrar unas elecciones parlamentarias que se supone que transformarán a Pakistán en una democracia liderada por civiles.
'No queremos alterar el proceso electoral. Queremos unas elecciones libres', destacó Aziz en una rueda de prensa.
Muchos paquistaníes creen que el principal motivo de Musharraf para declarar el estado de emergencia era anular el dictamen del Supremo sobre su reelección.
Varios jueces del tribunal, incluyendo su presidente, Iftikhar Chaudhry, fueron cesados el sábado tras rehusarse a atenerse a los poderes de emergencia, y están retenidos bajo un virtual arresto domiciliario.
Pero la seguridad se ha deteriorado desde julio, cuando unos comandos asediaron la Mezquita Roja para acabar con un movimiento islamista armado. Desde entonces 800 personas han muerto en actos violentos vinculados con extremistas, la mitad de ellos en ataques suicidas.
/Por Kamran Haider y Augustine Anthony/


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