El vino de misa es una parte esencial de la eucaristía, el ritual en el que los católicos simbólicamente convierten pan y vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Un sacerdote bebe una pequeña cantidad de vino durante la misa.
Según un proyecto de ley en Irlanda, se hará aún más estricto el límite actual de 80 miligramos de alcohol por 100 mililitros de sangre, pero aún no se ha especificado el nuevo nivel.
Dado que el número de sacerdotes católicos está disminuyendo, especialmente en las zonas rurales, los clérigos a menudo conducen hacia varias localidades los domingos para oficiar misas ante aquellas congregaciones que no cuentan con un religioso residente.
"Podrías superar el límite al viajar entre una o quizás dos iglesias el domingo por la mañana y regresar nuevamente", según asegura el padre Brian D'Arcy.
D'Arcy es el director del Passionist Monastery en Enniskillen, en Irlanda del Norte, donde también se han propuesto cambios similares.
Sostuvo que el vino que se prepara para el uso en las misas debe ser consumido y que tirarlo era una blasfemia.
La prensa británica citó a otro sacerdote del oeste de Irlanda diciendo que a menudo ofrece tres servicios religiosos al día.
"Si sólo tomo un trago de vino del cáliz en tres misas, sentiré que estoy superando el límite legal permitido para conducir", dijo un sacerdote que pidió no ser identificado.


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