La recta final de la vida de José Luis Felipe, un vecino de San Blas de 79 años de edad, se ha llenado de sombras y de formas borrosas, ya que debido a lo que su familia considera una negligencia médica, se ha quedado prácticamente ciego.
Según denunció en declaraciones a Europa Press Televisión su hija, Margarita Felipe, este desenlace podría haberse evitado si la Sanidad hubiese funcionado de forma eficaz. Pero tras esperar 17 meses para una revisión que tenía que haberse producido a los seis, y otras dos semanas para una consulta que tenía la calificación de "muy urgente", ya no hubo solución.
José Luis tenía desde hace años una vista delicada, y necesitaba revisiones periódicas. La primera sorpresa se la llevaron en 1999, cuando la nueva especialista de oftalmología del hospital Ramón y Cajal que le atendió les comunicó que el paciente carecía de visión por el ojo derecho. "Nos quedamos sorprendidísimos", confesó Margarita, quien decidió pedir una segunda opinión en una clínica privada, que confirmo el mismo diagnóstico.
Segunda negligencia médica
A este mal trago vino a sumarse la muerte en 2002 de la mujer de José Luis, presuntamente también por una negligencia médica en el Hospital Ramón y Cajal, que la familia denunció y que está ahora en la Audiencia Provincial. Pocos meses después, José Luis sufrió un infarto cerebral, que afectó a la visión lateral de su ojo izquierdo, y posteriormente le sobrevinieron crisis de epilepsia. "Nuestra vida es muy difícil desde entonces", se lamentó Margarita.
Sin embargo, entre revisión y revisión, en el mes de abril, José Luis empieza a quejarse de pérdida de visión, detalle del que su hija ya se había percatado porque, por ejemplo, al escribir, "se iba de línea". Entonces, "le llevé a una universidad de oftalmología que tenemos cerca de casa, y allí vieron que tenía una hemorragia y nos remitieron a nuestro hospital de referencia -el Ramón y Cajal-, donde confirmaron el diagnóstico", explicó Margarita.
La situación parecía urgente, pero José Luis no se quedó ingresado; de madrugada le dieron el alta, y le citaron para el siete de mayo. Cuando Margarita llegó con su padre a la consulta ese día, la doctora le dijo que había pasado demasiado tiempo, pero que aún quedaban alternativas. No obstante, uno de los tratamientos no era aconsejable para el paciente por sus otras patologías; el otro, había que solicitarlo en otro hospital porque no se aplica en el Ramón y Cajal.
Finalmente, tras varias semanas sin ninguna noticia, le recibieron en La Paz el siete de septiembre, pero en el transcurso de los días, la situación había variado y el tratamiento ya no era posible. José Luis no recuperaría la visión del único ojo por el que aún podía ver algo.
Situación económica complicada
"Por la mañana voy al trabajo, le dejo en el centro de día, y cuando salgo, le recojo, y ya, toda la tarde con él aquí en casa", afirmó. Además, en casa son cinco personas, y los cuidados constantes que necesita José Luis -levantarse, asearse, comer, su ropa- copan gran parte del tiempo de la jornada. Por eso Margarita reconoce que su situación económica y familiar se ha complicado, pero a pesar de ello, no reciben ninguna ayuda totalmente gratuita. "Estamos pagando una hipoteca porque ampliamos la casa, que gracias a eso mi padre puede estar con nosotros, y vamos apurados", subrayó.
A nivel legal, la familia de José Luis ha puesto el caso en manos de la asociación El Defensor del Paciente. Por su parte, el Hospital declinó hacer declaraciones al respecto.


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