Veintiuno de los 28 acusados fueron declarados culpables por su implicación en los atentados contra trenes de Cercanías en 2004, que dejaron 191 muertos y 1.800 heridos, y tres de ellos fueron sentenciados a miles de años en prisión.
Pero se absolvió a Rabei Osman el Sayed Ahmed, 'Mohamed el Egipcio', acusado por la Fiscalía de ser uno de los autores intelectuales, y a los otros dos supuestos cerebros se les condenó por otros delitos, pero no por organizar los atentados.
Además, se cree que algunos supuestos cabecillas abandonaron el país y otros dos presuntos ideólogos estaban entre los que se suicidaron en Leganés tres semanas después del 11-M.
Las asociaciones de víctimas anunciaron que apelarían. La presidenta de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, Pilar Manjón, calificó de 'ridículas e irrisorias' las sentencias.
'Nos sorprende mucho la absolución, si no fueron ellos tenemos que buscar quiénes son', dijo José María de Pablos, portavoz de la Asociación de Ayuda a las Víctimas de Terrorismo. 'Alguien tuvo que dar la orden'.
Pero el abogado de 'El Egipcio', cuyo cliente cumple condena en Italia por otro delito, dijo que se había hecho justicia.
'Fue condenado por la sociedad y los medios, pero un juez decidió que es inocente. Eso no solo es una buena noticia para mí como su abogado, sino para la sociedad española en su conjunto', dijo Endika Zulueta.
Las sentencias contra otros acusados, ninguna de las cuales superaron los 23 años, también fueron menores que lo solicitado por la Fiscalía.
Isabel Presa, que perdió a su hijo menor, de 24 años, en los atentados, temblaba mientras comentaba a los periodistas su disgusto.
'No soy juez, ni soy abogado, pero es vergonzoso e indignante', dijo antes de empezar a llorar.
'Mi hijo está muerto, a mí me ha destrozado la vida, me ha condenado a cadena perpetua a mí y a mi esposo. Y esa gente de rositas, y algunos en la calle ya, y otros van a llegar a 12 años (en la cárcel). Es indignante. Pensé que había justicia'.
'He esperado tres años, ¿ahora, ahora qué?', se preguntó.
Clara Escribano iba a trabajar en el Hospital 12 de Octubre cuando una bomba explotó en su tren en la estación de Santa Eugenia.
A sus 49 años, esta enfermera se ha sometido a tres operaciones tras el atentado. Está sorda de un oído y con placas metálicas en su cráneo.
'No estoy satisfecha. No estoy (trabajando) en el mismo sitio por las secuelas psicológicas. Apelaremos', dijo mientras los agentes trasladaban a los condenados y absueltos en furgones policiales.
Unos pocos espectadores y un grupo de familiares de víctimas gritaban insultos al convoy en el que se alejaban, entre el ruido de las sirenas.
/Por Ben Harding/


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