Jeff Cowen, el fotógrafo que añade velos opacos a los retratos para alcanzar una belleza rota

Jeff Cowen - Camille I & II, 2006
Retrato en formato de díptico del fotógrafo Jeff Cowen (© Jeff Cowen)
  • El estadounidense, nacido en 1966 en Nueva York pero establecido en Berlín, presenta en Ámsterdam su primera gran exposición en un museo.
  • Comenzó como fotógrafo de calle, pero no le satisfacía que los resultados dependieran de condiciones externas e inició una obra íntima y casi pictórica.
  • Es escéptico con la definición de retrato: no intenta representar la personalidad del modelo, sino un 'centro espiritual universal que todos compartimos'.

Al fotógrafo Jeff Cowen (Nueva York, 1966) le interesan dos ideas complementarias y solo opuestas en apariencia que proceden de la sofisticada y rigurosa estética de Japón: el wabi-sabi, la belleza de la imperfección y la consiguiente comprensión del mundo basada en los valores de la fugacidad y la impermanencia. Como principio artístico busca, mediante la asimetría, aspereza, sencillez o ingenuidad, modestia e intimidad, provocar en el espectador una sensación de serena melancolía y anhelo espiritual.

Convencido de que todos los seres humanos compartimos un "centro espiritual universal" que puede emerger si se invocan los principios del wabi-sabi, Cowen hace fotos, sobre todo retratos de delicadísima belleza, a las que vela mediante capas de opacidad que pretenden ser una "nueva piel" para los modelos. La obra del artista, íntima y casi pictórica, llega ahora por primera vez a un gran museo de fotografía.

La antología Photoworks (Obras fotográficas), hasta el 4 de junio en la pinacoteca Huis Marseille de Ámsterdam (Holanda), reúne una amplia selección de un artista profundamente personal que aspira a retratar una "belleza rota" de modo "suave y ambiguo" mediante procesos de fotografía química y largos periodos de reflexión y contemplación antes de dar cada obra por acabada.

En una época en que el mundo y las fotos en particular, están "dominados por las técnicas digitales", el "atributo de la autenticidad está adquiriendo cada vez más valor", dicen desde el museo holandés para explicar el "lugar especial" de Cowen en el panorama contemporáneo. En el trabajo de este estadounidense expatriado por decisión propia a Europa —primero a París y luego a Berlín— tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, lo transitorio y lo efímero de las fotografías se enlazan con "la inmortalidad de la pintura".

Frustrado con las fotos callejeras

Decidió, después de trabajar como ayudante de Larry Clark y Ralph Gibson, trabajar como fotógrafo callejero en Nueva York, pero se encontró con una severa y frustrante dificultad: depender de factores externos. "Siempre estaba esperando a que ocurriera algo. Necesitaba el ángulo correcto, el sujeto correcto, la iluminación correcta...", recuerda de aquella etapa, interrumpida por un viaje a Japón para estudiar Arte.

Dar a luz a lo que estaba dentro de mí en lugar de depender del mundo exterior Del país asiático regresó convencido de que la calle no era su espacio: "Me di cuenta de que quería influir por completo sobre lo que estaba antes de mí, dar a luz a lo que estaba dentro de mí en lugar de depender del mundo exterior. Así que empecé a invitar a la gente a mi estudio, a trabajar más como un pintor".

Repertorio clásico

El trabajo en los confines del estudio cambió de modo radical la mirada del fotógrafo. La gran mayoría de los temas que elige —paisajes, naturalezas muertas, retratos...— pertenecen al repertorio clásico. En su reciente serie de Escultura Fotográficas no pretende producir una descripción exacta del tema que aparece en cada imagen.

La esperanza de hacer que las estatuas respiren El reto, al fotografiar a una persona o un objeto, es que tienes que capturar el momento correcto y eso puede resultar difícil", dice, porque "sólo puede suceder orgánicamente. Con una estatua es más difícil, ya que no está físicamente viva así que tengo que trabajar con la magia fotográfica (...) con la esperanza de hacer que las estatuas respiren".

Buscar un 'no momento'

Cowen evalúa el término "retrato" con escepticismo, porque sus imágenes no intentan representar la personalidad del modelo. "Estoy más interesado en capturar un centro humano espiritual universal, que creo que todos compartimos", dice. Describe el rostro de una de sus modelos, Emmanuella, en una de sus obras favoritas como "casi una forma gráfica abstracta contra el oscuro fondo negativo", un "no momento, cuando la energía vital de la persona se hace visible", enfrentado a la ley supuestamente obligatoria del momento decisivo.

Soy más una máquina de impresión que un fotógrafo Cowen trabaja con película química, hace muchas impresiones de prueba de las fotos, las clava a una pared y las deja madurar, a veces durante años: "Paso una cantidad considerable de tiempo mirando y contemplando las impresiones. Si estoy interesado en una, podría decidir hacer una impresión mural en formato grande en el cuarto oscuro. Soy más una máquina de impresión que un fotógrafo", explica con humor.

De lo banal a lo sublime

Sobre la superficie de cada copia final sobreimpone rayas y salpicaduras de pintura, collage, muescas y agujeros. Esta forma de postproducción manual produce un "sustrato" que "suaviza los contornos o los hace ambiguos". Desde el museo añaden que "las capas que Cowen añade a sus obras fotográficas difuminan los significados originales de sus modelos, ablandan sus contornos afilados y logran una transformación que los eleva de lo banal a lo sublime".

Obras fotográficas magistrales y táctiles Lo más paradójico de este artista de estilo antiguo en el sentido clásico es que "crea obras fotográficas magistrales y táctiles en un momento en que el mundo —y el medio de la fotografía en particular— está dominado por la tecnología digital", aseguran los organizadores de la antología antes de preguntarse cómo es que una obra tan pictórica e histórica ocupa "un lugar tan especial y significativo en la fotografía artística de hoy".

Prácticas ambiguas

Para responder acuden a una cita del sociólogo Michel Maffesoli: "Los contornos suaves, las prácticas ambiguas, las ideologías cambiantes y los estilos de vida nómadas son un signo de los tiempos, y también ponen al día una sensibilidad barroca que se expresa a través del cuerpo".

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