Andrés Loza y Jacobo Soler son dos de los biólogos encargados de la alimentación de los animales que viven en el Acuario de Gijón. Ambos son expertos buzos, por lo que se encargan de meterse en la piscina a dar de comer a los tiburones.
Tiene que ser así porque es la única forma de asegurarse de que cada ejemplar recibe la ración justa de comida: un 5% de su masa corporal. Para cumplir todas las normas de seguridad, cinco personas se dedican a esta tarea, no exenta de riesgo.
Las especies más peligrosas, por raro que parezca, no son los propios tiburones. Tal como señala Andrés Loza, jefe de acuaristas, "los animales a los que hay que tenerles más respeto son las tortugas marinas".
Son unos animales voraces, tozudos y que "con un solo mordisco pueden arrancarte una mano". Para evitar accidentes, cada vez que se sumergen bajo el agua, los biólogos tienen que ataviarse con un guante de cota de malla.




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