El único superviviente de los 57 africanos que viajaban en el cayuco, localizado por pescadores españoles el pasado miércoles al sur de Cabo Verde, asegura que la embarcación quedó a la deriva porque sólo uno de los bidones que llevaban era de gasolina.
Unos cuantos lloraron como si fueran niños pequeños
"Nos engañaron", reconoce desde un hospital de Dakar, el senegalés rescatado, Leidi Fall. "Cuando estábamos a punto de llegar (al cuarto día de viaje) se acabó el primero de los bidones de combustible que llevábamos, y al abrir el segundo descubrimos que dentro sólo había agua", escribe Manuel Altozano en El País.
"La gente empezó a gritar, otros rezaban y unos cuantos lloraron como si fueran niños pequeños", relata el senegalés, "creía que alguien nos rescataría (...) sólo estábamos a 157 kilómetros de Canarias".
El único superviviente cuenta con detalle cómo se produjeron homicidios y suicidios a causa de la escasez de comida. Además, afirma que fue lanzando por la borda los cadáveres de los que iban muriendo, pero que no tuvo fuerzas para deshacerse de los siete últimos.
Ya había hecho el viaje
La expedición, que partió de Nuadibú (Mauritania), estaba formada por 28 guineanos, 20 malienses, tres senegaleses y otros cuatro africanos cuya nacionalidad desconoce el superviviente.
Fall fue elegido como patrón porque en 2006 ya había hecho el viaje hasta Gran Canaria (fue devuelto tras cinco semanas en un centro de inmigrantes).


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