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El Centro Excursionista de València, abocado al cierre tras 70 años de trayectoria

Centre Excursionista de València. Arxiu.
Centre Excursionista de València. Arxiu. (Centre Excursionista de València.)
  • Estos días pone fin a una trayectoria de más de 70 años dedicada a la promoción del medio ambiente y las actividades al aire libre.
  • El desahucio de su sede, que se ejecutará el próximo 28 de febrero, marcará el final de una de las asociaciones con más solera de la capital valenciana.
  • Algunos de los socios de la entidad participaron en 1991 en la primera ascensión valenciana al Everest.
  • Tras los incendios de 1992, el CEV se convirtió en un referente en el terreno del voluntariado medioambiental.

Han sido más de 70 años de esfuerzo común y de una intensa labor por promover la preservación del entorno natural entre los vecinos de la ciudad de València y sus alrededores. Miles de socios y voluntarios han formado parte en algún momento de sus vidas de esta entidad cuyos objetivos son el desarrollo de la educación y el deporte al aire libre y la conservación del medio ambiente, la cultura y el patrimonio.

Sin embargo, tras siete décadas de trayectoria, y considerada una de las asociaciones con más solera de la capital valenciana, el Centro Excursionista de Valencia está a punto de echar el cierre. Tras varios años enfrentándose a importantes problemas económicos, los socios decidieron el pasado mes de diciembre en una asamblea celebrada con carácter extraordinario que la disolución de la entidad era la mejor opción.

Hace unos años firmaron un convenio de colaboración con el Ayuntamiento de València por el cual el consistorio se comprometía al abono de una subvención anual para que pudieran pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles del edificio adquirido por ellos en 1993, un palacete del siglo XVII ubicado en el centro histórico de la ciudad. Estas ayudas, recalcan desde el Centro Excursionista (CEV), “nunca fueron a fondo perdido sino para que pudiéramos seguir ofreciendo nuestros servicios a la sociedad”, puntualiza el presidente en funciones, Santiago Herrero. “De hecho, aparte de nuestras actividades, que no son pocas, en nuestra sede hemos dado refugio a muchas pequeñas ONG”, recuerda Carlos Ferris, portavoz.

Son múltiples las secciones en las que se divide el CEV y las actividades que realiza. Programan jornadas de escalada, kayak, espeleología, senderismo, biciexcursionismo, voluntariado ambiental y reforestación, entre otras disciplinas. Además, contaban con una escuela de formación, Escola Valenciana d’Aire Lliure, en la que se impartían cursos sobre deportes, naturaleza, animación y educación ambiental. Era tal el volumen de actividad que llegaron a tener en nómina a alrededor de 15 empleados a tiempo completo. Ahora, tras el ERE, tan solo tienen tres.

Unos años complicados

Con la llegada de la crisis aparecieron las dificultades. El Ayuntamiento de València dejó de abonar las cantidades acordadas para 2011 y 2012, “alrededor de 40.000 euros”, señala Herrero, quien calcula en unos 10.000 los euros que el CEV le debe al consistorio en concepto de IBI. En los últimos tiempos, la subvención municipal constituía la única fuente de ingresos aparte de la cuota de los socios, cuyo número también empezó a disminuir. “Ahora somos unos 450 pero hemos llegado a ser bastantes más, algo que ha ocurrido en todas partes”, matiza Ferris.

Como consecuencia de esta situación, en 2012 la entidad entró en concurso de acreedores, tras el que alcanzaron un acuerdo con el juzgado para buscar un plan de viabilidad que pasaba por conseguir la renovación del convenio de prestación de servicios que en su día firmaron con el ayuntamiento. Pero el acuerdo no ha llegado.

Paralelamente, ambos hacen autocrítica y reconocen que “probablemente también hicimos cosas mal, no todo ha sido una cuestión externa, pero esperábamos un mayor apoyo por parte de las instituciones”.

“Es como si nos hubieran abandonado”

“Ahora estamos con una orden de desahucio que se ejecutará el próximo 28 de febrero y nuestro único objetivo es encontrar sitio para nuestro amplio archivo histórico y nuestra biblioteca, que siempre han sido de uso público y nos gustaría que continuaran siéndolo porque forman parte del patrimonio cultural de los valencianos”, explica Ferris, también director del Instituto de Excursionismo y Naturaleza, dependiente del CEV.

Son conscientes de que no hay vuelta atrás. Prueba de ello es que esta semana pasada algunos voluntarios han estado en la sede de la entidad para recoger el material que utilizan en sus actividades y toda la documentación relativa a la gestión administrativa del centro. Algunos objetos intentarán venderlos y el resto “de momento lo iremos colocando en los espacios que amablemente algunos socios nos han cedido en sus propias viviendas”.

“Es como si nos hubieran abandonado. Poquísimos políticos se han acercado para preguntar por todo lo que estaba pasando y poder colaborar con nosotros”, lamentan. En el caso del consistorio aseguran que no ha habido claridad por su parte, lo que ha provocado incertidumbre. “Recibíamos información contradictoria. Por un lado nos transmitían que estaban trabajando en el asunto pero por otro que no sabían si podrían darle salida a la cuestión”, recuerdan.

En todo este tiempo se han reunido en diversas ocasiones con técnicos municipales, “e incluso con el alcalde, Joan Ribó, llegamos a conversar sobre la posibilidad de encontrar un local alternativo. Nos ofrecieron un espacio pero hasta los mismos empleados municipales reconocieron que no disponía de las características y condiciones para albergar la biblioteca y el archivo histórico”.

La última de las reuniones la mantuvieron este miércoles 15 de febrero con el concejal de Urbanismo, Vicent Sarrià, quien les trasladó la opción de presentar una solicitud para acceder a la reciente convocatoria para la cesión de locales municipales promovida por la Concejalía de Patrimonio Municipal. En el caso de conseguir esta cesión, el local acogería la biblioteca y el archivo histórico porque la asociación desaparece.

Primera ascensión valenciana al Everest

Echando la vista atrás, la historia del Centro Excursionista de Valencia está plagada de hitos. Probablemente los más llamativos fueron la expedición a Groenlandia en 1970 y la primera ascensión valenciana al Everest en 1991. Pero son innumerables los proyectos en los que han estado involucrados.

Tras los dramáticos incendios de la Calderona y el Penyagolosa de 1992, se convirtieron en un referente en el voluntariado medioambiental. “Nuestra labor complementaba la acción de la administración en el terreno de la concienciación y la difusión, llegando incluso a desarrollar campañas por los montes valencianos en las que participaban entre 150 y 200 voluntarios”, recuerda Herrero, directivo desde principios de los años 70. Además, han impulsado programas relacionados con la conservación de la naturaleza, la protección de cavidades o la promoción del ecoturismo tanto en solitario como en colaboración con otras organizaciones ecologistas y dedicadas al mundo rural.

También forma parte de su recorrido histórico la habilitación de refugios-escuela en la Calderona, el Alto Turia y el Penyagolosa, el marcaje de una amplia red de senderos y su trabajo editorial, gracias al cual han publicado decenas de libros divulgativos. Este cierre “perjudica la salud cultural y ambiental de la ciudad, que pierde uno de sus buques insignias”, lamenta Carlos Ferris.

Una lluvia de reconocimientos

Al centro, que se fundó en 1946 y surgió de la ‘Colla Excursionista El Sol’, se le han concedido multitud de reconocimientos durante estos años. Ha recibido la Medalla de Oro de la Ciudad, la placa de oro al mérito deportivo de la Generalitat Valenciana, la premio del voluntariado ambiental de la Conselleria de Bienestar Social y otros galardones que con el paso de los años han ido sumando valor sentimental. “Yo soy lo que soy gracias al Centro Excursionista, mi estancia en la asociación ha marcado mi vida”, explica Herrero.

El deseo de los que han hecho posible estos últimos años de sensibilización medioambiental es “que se mantengan los valores, el ideario y el espíritu de lo que fue el CEV”. Algunos voluntarios ya están buscando la manera. Quizá es el momento de parar, recalcular la ruta y tomar un nuevo sendero para seguir transmitiendo a los valencianos el amor por la naturaleza.

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