El tenista toledano, señalado por la inestabilidad que contemplan sus actuaciones, suele crecerse en los cara a cara que le miden con el suizo.
Era el momento de Feliciano Feliciano: hora estelar, rival de renombre, gradas a rebosar. Ideal para un golpe de efecto. Un impulso único para un tenista que se ha acostumbrado a quedar al margen de la demanda popular de los grandes. Ahora por Rafa Nadal. Antes por Carlos Moyá y Juan Carlos Ferrero.
Era esta una ocasión para aprovechar dadas las bajas que padeció el torneo.
Jugar al límite
Sin embargo, el que quiera ganar a Federer debe jugar al límite. Y Feliciano deambula por los dictámenes de su servicio. Aguantó el tipo mientras disfrutó de acierto en el saque. Salió adelante de nueve puntos de 'break' y de dos de set adversos a orillas del desempate, donde el español, sin ocasión alguna de cuestionar el de su rival, quería llegar.
Ahí Federer le arruinó. No desechó la renta de 4-0 y 5-1 que le ofreció el alargue y cerró el parcial. No se llegó a tanto en el segundo. El helvético rompió en el noveno y cerró con sosiego el partido.
El número uno del mundo se asoma a una nueva final. Calcula a la perfección sus objetivos el suizo; también los esfuerzos. Madrid, por superficie y altitud, le va que ni pintado a su juego.


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