Felisa es la dueña y cocinera del Paladar, la cocina para ella es una afición. De joven, Felisa y su familia tenían una pensión en su pueblo, ella se encargaba de la cocina, y todas las recetas que se iba encontrando en las revistas las recopilaba y les daba forma con un toque propio. A los huéspedes le gustaba su cocina. Y cada vez acudía más gente a probar sus platos y guisos.
Con el tiempo Felisa emigró a Madrid y, poco después, a la Alpujarra granadina, donde trabajó en otras cocinas hasta regresar a su tierra. Ya en Cáceres, Felisa era la encargada de los fogones de una residencia de estudiantes, lo que hoy es el restaurante. Uno de los chicos que allí residía un día le preguntó si podía ir su novia a comer, ya que trabajaba todos los días y no tenía mucho tiempo. Felisa consideró la idea y preparaba una mesa grande cada día donde compartían mantel estudiantes de la residencia y gente de fuera.
Cáceres es una ciudad bonita, donde el turismo ha aumentado de manera considerable
Y así es como nace hace ya tres años la famosa mesa compartida del Paladar de Felisa que tantas historias guarda entre sus cubiertos. Hoy es el único restaurante de Cáceres donde puedes ir sólo o con un amigo; pero podrás comer con varios desconocidos en la misma misa, compartiendo historias y quién sabe... quizás nazca una bonita amistad. Los comensales de esta famosa mesa, según palabras de la propia Felisa, "se saludan por la calle, se conocen de aquí. Es muy divertido, se hacen amistades, a la gente le parecía otra cosa y luego es una experiencia agradable".
La cocina de Felisa es casera, de precio asequible (el menú diario ronda los 9 euros) y con un toque autodidacta. Sólo cierra los domingos por la noche. Cada día, Felisa llega a su restaurante y se evade de la realidad, relajándose en su cocina. Ella afirma que sólo se aleja de los fuegos cuando le toca cocinar para ella: "Cuando me toca guisar para mí, no lo hago, prefiero descansar y salgo a comer fuera o me preparo cosas muy ligeras como ensaladas. Cuando voy de vacaciones mis amigas quieren que cocine yo, pero necesito desconectar, sólo lo hago cuando visito a mi madre y le preparo nuevos platos".
Cuando me toca guisar para mí, no lo hago, prefiero descansar y salgo a comer fuera
El plato estrella son las famosas croquetas de Felisa. "Son caseras y mucha gente me las pide", comenta esta cocinera. El Paladar de Felisa se llama así gracias a una de las antiguos socias de Felisa, Vicky. Fue ella la que decidió ponerle Paladar , en honor a las casas antiguas cubanas donde se servían comidas, sitios con muchos colorido. El restaurante cacereño es una casa antigua habilitada como tal, con las paredes pintadas de colores vivos, y las habitaciones convertidas en comedores.
Respecto a Cáceres 2016, la ve como una posible candidata, "Cáceres es una ciudad bonita, donde el turismo ha aumentado de manera considerable , lo noto en mi restaurante, que viene gente de todos los sitios en los últimos años, aunque le queda mucho trabajo por delante".
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