Los empresarios creen que los jóvenes no tienen vocación. Lo demuestran, según ellos, los datos de la Escuela de Hostelería, que ha pasado en los últimos cinco años de tener tres aulas completas a apenas llenar una. Para suplir esta carencia de personal, los hosteleros gijoneses ofrecen cada año cinco cursos de formación para unos 20 alumnos, costeados por los propios restauradores. A los alumnos se les garantiza un contrato para cuando finalice su formación y se les paga la asistencia. «La mitad de los que empiezan lo dejan antes de acabar», reconoce Arturo Muñiz, presidente de la Unión de Hosteleros.
No es una cuestión de dinero. Este tipo de empleados cobra muy por encima de la media. Por ejemplo, un metre con experiencia, dos idiomas y sumiller ganaría unos 2.500 euros al mes, más propinas. «En los bares de copas se gana menos y, sin embargo, hay mucha oferta. Esto es tan grave que uno de los restaurantes con más solera de Gijón lleva tres meses buscando cocinero».


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