El pintor palpable, Pierre-Auguste Renoir, en el Thyssen

  • 'Renoir: intimidad' reúne en la pinacoteca madrileña 77 obras del artista de los sentidos que buscaba poner en contacto al espectador y los temas de los lienzos.
  • Recorre la obra de Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) en cinco apartados: impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y domesticas, y bañistas.
  • Se proyectarán películas marcadas por el pintor, entre ellas de Jean Renoir, hijo del artista, para quien su padre miraba 'como otros tocan o acarician'.

"Me gustan los cuadros que me dan ganas de pasearme por ellos cuando es un paisaje, o bien de pasar la mano sobre un pecho o una espalda si es un a figura de mujer". Para el pintor francés Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) lo esencial estaba en los sentidos, sobre todo en el tacto. El hijo del artista, Jean, que llegaría a ser un notable cineasta, recuerda la pasión por lo palpable como una afirmación de estilo y una negativa a aceptar la pintura como "pura visualidad" —"[Mi padre] miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician"—.

Con esta vocación por lo tangible como idea vertebral el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta Renoir: intimidad, que estará en cartel del 18 de octubre al 22 de enero. Es una exposición temporal de la pinacoteca que ha logrado reunir, entre obras propias y préstamos, 77 lienzos de un pintor considerado audaz en su tiempo, pero deseoso de sacudirse esa fama: se consideraba "chapado a la antigua" y confesaba que su único propósito era pintar la belleza. "Para mí un cuadro debe ser algo amable, alegre y hermoso, sí, hermoso. Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que nos inventemos más", afirmó.

Intimidad amistosa, familiar, erótica...

La muestra, que después de Madrid será exhibida en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, entre el 7 de febrero y el 15 de mayo de 2017, es la primera retrospectiva en España sobre Renoir, y demuestra, según los organizadores, cómo las formas de la intimidad –amistosa, familiar o erótica– penetraron en su obra, para convertir las pinceladas en sensuales y las sensaciones táctiles en eje de la superficies de los cuadros, tendentes a las composiciones cerradas que facilitan la entrada del espectador en el cuadro.

"Mientras en los retratos de grupo de Manet o Degas por ejemplo, los protagonistas mantienen la distancia entre ellos y con el espectador, Renoir dota a sus figuras de una cercanía tangible. En sus escenas con dos o más personajes, es habitual que estos participen en un juego de alternancia entre el contacto visual y el contacto físico, parejas de hermanos o de madres e hijos en las que uno de ellos mira al otro y este le corresponde tocándole con la mano", dicen desde el museo sobre la exposición, comisariada por Guillermo Solana, director artístico del Thyssen.

Cerrar el encuadre

La repetición de los intercambios e interacciones como materia temática se establecen en la obra de Renoir en torno a una actividad común, como la lectura de un libro. En el caso de los retratos individuales, el artista aspira a ofrecer al espectador algo semejante al contacto físico,  aproximándose todo lo posible. Si Degas y otros contemporáneos rodeaban a sus modelos de un decorado y unos atributos que hablaban por ellos, Renoir tiende a ajustar el encuadre, suprimiendo el entorno para concentrar la mirada en el rostro.

Cabelleras de mujer que parecen enredarse en las manos Otros detalles en los cuadros de Renoir que aluden a "sensaciones palpables" son las cabelleras de mujer que parecen enredarse en las manos del visitante-voyeur, los perros en brazos de figuras femeninas, los paños o toallas que cubren el pecho o envuelven los muslos, las labores de costura o madejas de lana o la espesura de un jardín. Renoir: intimidad está organizada en un recorrido temático de cinco apartados: impresionismo, retratos, paisajes, escenas familiares y domesticas y bañistas.

'Rubens iluminado por Velázquez'

Aunque Renoir trataría todos los géneros con su nuevo estilo impresionista, es en la calidad de pintor de figuras en la que destaca especialmente. Como escribió Émile Zola en 1876, estamos ante un un pintor "especializado en la figura humana", de quien "podríamos decir que es un Rubens iluminado por la brillante luz de Velázquez".

La muestra incluye algunas de las obras más célebres del pintor La etapa impresionista, entre 1869 y 1880, ocupa tres salas de la muestra. Pueden verse algunas de las obras más célebres de Renoir, entre ellas Después del almuerzo (1879), un estudio del natural de Le Moulin de la Galette (1875-1876) y uno de los cuadros que pintó en La Grenouillère, zona de ocio a las afueras de París donde trabajaba al aire libre con Monet: Baños en el Sena (La Grenouillère) (1869). Completan la sección un grupo de retratos, al aire libre y en interiores: Retrato de la mujer de Monet (1872-1874), El paseo (1870) y  Mujer con sombrilla en un jardín (1875).

Retratista de sociedad

Cuando consideró agotado el impresionismo, a finales de la década de 1870, Renoir, que vuelve a los cánones clásicos, dando más importancia a la precisión del dibujo, se convierte en uno de los pintores más solicitados por la sociedad parisiense. La exposición muestra varios cuadros notables de esta época: Charlotte Berthier (1883), el Retrato de la poetisa Alice Vallières-Merzbach (1913) o el de su marchante, el importante mecenas de los impresionistas, Paul Durand Ruel (1910).

Sus hijos, su mujer y la vida doméstica, temas favoritos Renoir: intimidad concluye con un par de capítulos que tuvieron gran importancia para el autor en la parte final de su vida. Por una parte, las escenas familiares y domésticas protagonizadas por sus hijos —Coco tomando su sopa (1905), Jean como cazador (1910)—, su mujer Aline —Maternidad (1885) y Aline amamantando a su hijo (1915)— y otras personas del entorno más cercano, como Gabrielle Renard, la niñera que se convierte en una de las modelos predilectas del artista.

Desnudos de sensualidad rotunda

Por otra, los desnudos, uno de los motivos predilectos de Renoir, cierran el recorrido. Aunque los impresionistas apenas tocaron el tema por considerarlo demasiado académico, Renoir reivindica en su serie de bañistas al aire libre una naturaleza atemporal y una visión edénica marcada por la sensualidad de las modelos, la riqueza del colorido y la rotundidad de las formas.

Una instalación permitirá 'tocar, oler y escuchar' un cuadro de Renoir Renoir: intimidad está arropada por un ciclo de cine donde se proyectarán películas influidas por el pintor, entre ellas La hija del agua (1925), debut de su hijo Jean como director, y por la instalación Un hermoso jardín abandonado, una sala en la cual los visitantes pueden usar sus sentidos para tocar superficies, oler esencias y escuchar sonidos presentes en la obra.

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