Cualquier buen publicista sabe que lo que coloca al tamaño de una pantalla de cine se vende casi solo, lo que no podían sospechar los creadores de Ratatouille es que su simpático filme sobre una rata francesa que sueña con convertirse en un gran chef iba a desencadenar una auténtica fiebre por estos animalitos.
Según informa la edición digital de la BBC, desde que la película se estrenó en agosto en Francia, el número de visitantes de la APRAC, una asociación encaminada a promover a las ratas como animales de compañía, se ha multiplicado por ocho. Por no hablar del espectacular incremento en las ventas de ratas y de accesorios para estos roedores.
Gerald Moreau el vicepresidente de esta peculiar asociación de apoyo a las ratas justifica este interés en el acierto que ha tenido la película al presentar a una rata como un animal astuto, agradable y fiel a sus dueños, cualidades que para él son características de las ratas y que los convierten en perfectas mascostas, preferibles, por ejemplo, a los hamsters.
Sin ánimo de ofender, hoy por hoy, todo lo que huela a rata en Francia interesa, o por lo menos intriga.
Pasión por el Pinot Noir
Esta fiebre consumista, asociada a una película, recuerda a la que vivió hace unos años la zona vinícola californiana tras el éxito de Entre Copas. En el filme de Alexander Payne, que protagonizan Paul Giamatti y Thomas Haden Church, las conversaciones en torno a las sutilezas del buqué del Pinot Noir hicieron aumentar espectacularmente las ventas de este vino.
Hasta un 140% más de ventas registraron algunas marcas de Pinot Noir, como la Blackstone Pinor Noir de Constellation Brands. Y las que menos incrementaron sus ventas en relación a otros años, lo hicieron un 22%, según datos de AC Nielsen. Los viticultores de California agradecieron el esfuerzo a Hollywood por promocionar un tipo de uva, originaria de Borgoña, que es muy delicada de cultivar.















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