'The Boss' deleita a 8.000 fans en Barcelona con un concierto acústico
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En un austero escenario, únicamente acompañado de su guitarra, un piano y su eterna armónica colgando del cuello, Springsteen se enzarzó en la interpretación de un puñado de canciones intimistas, a través de las cuales realizó un desfile por todo su repertorio.
El público, 8.170 seguidores que superaron la primera compra de entradas por teléfono, respetaron desde el primer momento el silencio que pidió el artista y siguieron con atención las canciones que el cantante desgranó con su guitarra, lanzando numerosos guiños al público.
Su nuevo disco, Devils & Dust, un compendio de canciones de raíz country, fue el protagonista absoluto del concierto, durante el que destacaron Silver Palomino, Matamoros Banks, Reno y el tema que da nombre al disco, Devils & Dust.
The River, que llegó en la primera parte del concierto, fue quizá la canción mejor recibida por el público, que pese a todo siguió guardando silencio y sólo se desató cuando "The Boss" interpretó Marías bed, The rasing y Leah.
"Bona nit, Barcelona"
"The Boss", que ha expresado en numerosas ocasiones su cariño por Barcelona, saludó al público con un "bona nit, Barcelona", que ya empieza a ser habitual. De hecho, durante todo el concierto hubo una constante comunicación en catalán entre el público y el artista.
Los fans, extasiado por la entrega de Springsteen, parecía sorprendido ante la versatilidad del cantante, capaz de dejar a un lado su guitarra para acompañarse únicamente de sus botas y su armónica para entonar Reason to believe, del íntimo Nebraska.
A sus 55 años, Springsteen demostró que sigue más vivo que nunca, y adornó sus canciones con largos parlamentos de presentación que no se oían en sus conciertos desde la época de Born in the U.S.A. y en los que habló de las canciones de amor, su infancia y la paternidad.
El final llegó tras una nutrida tanda de bises (hasta cuatro veces llegó a salir Springsteen, jaleado sin descanso por su audiencia), que "The Boss" coronó con una versión de Dream baby dream, de Roy Orbison, uno de sus maestros.
Springsteen se despidió de la ciudad estrechando las manos de los seguidores que habían logrado llegar a primera fila, tras un concierto de cerca de dos horas y media en el que no hubo coros ni mecheros, sólo una multitud susurrante que respetó en todo momento la nueva forma de su ídolo.
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