Nació en Estados Unidos en 1948, pero hasta 1977 no llegó a nuestros supermercados. El código de barras cruzó el Atlántico hasta España hace ahora 30 años y aterrizó, por primera vez, en un supermercado de Valencia, adosado a un estropajo.
Actualmente se emplea en más de 150 países de todo el mundo, en 130 millones de artículos que han hecho del código de barras el símbolo más universal.
Fue creado por Joseph Woodland y Bernard Silver, estudiantes de la Facultad de Tecnología de Drexel (Filadelfia), a petición del dueño de una tienda de comestibles que quería gestionar su almacén de forma automática.
En su origen fue redondo, aunque cuatro años después de su invención, en 1952, fue patentado tal y como hoy lo conocemos.
Ya tiene sucesor
Ahora celebra su aniversario habiendo designado ya un delfín: el EPC (Electronic Product Code), un chip que es prácticamente un DNI de productos y permite identificar y distinguir dos artículos, aunque tengan idénticas características.
Además, a diferencia del código de barras, permite identificar cualquier objeto a distancia, facilitando así la información en tiempo real sobre cualquier producto, de cualquier empresa y de cualquier lugar del mundo.


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