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Feijóo, el candidato veterano en busca de una "gran hazaña" con la incógnita de si influirá en España

Alberto Núñez Feijóo, candidato del PP a la reelección
Alberto Núñez Feijóo, candidato del PP a la reelección (DAVID CABEZÓN @ PPDEG)
  • SANTIAGO DE COMPOSTELA, 23 (EUROPA PRESS)

Busca "la excepción" de otra mayoría absoluta en un país con las victorias aplastantes en peligro de extinción. Alberto Núñez Feijóo (Os Peares -Ourense-, 1961), el candidato a la Xunta con más tablas, repite en cada mitin que el 'triplete' sería "una gran hazaña". Lo ubicaría en un lugar único entre los barones del PP, pero también podría ayudar, al margen de la clave vasca, a desatascar el "bloqueo" en España.

El vecino más famoso de Os Peares, que volvió a ser "el nieto de la señora Eladia" por un día en la campaña, llega a las urnas como el más conocido y mejor valorado frente a rivales noveles. Y es que el "buen gestor" que coqueteó con hacer carrera en la privada se ha revelado como un político experto que, tras renunciar a su vocación inicial de dos mandatos, está dispuesto a jugársela el 25-S al todo o nada.

De Feijóo dicen los suyos que no es fácil saber lo que le pasa por la cabeza y también, aunque parezca contradictorio, que es muy previsible. Así que la plana mayor del PP en Galicia siempre confió en que su "mayor activo" no les dejaría en la estacada. Ahora, para superar el reto, su equipo le ha preparado una campaña personalista con las siglas del PP en segundo plano. Para bien o para mal, el resultado se identificará con el candidato.

En las posibilidades de Feijóo también confían sus 'jefes' de Madrid. En Génova cruzan los dedos para que las autonómicas gallegas y vascas muevan las piezas del engranaje de la política estatal y eviten unas terceras generales a ritmo de villancico. Y ninguno de los principales dirigentes del PP ha querido perderse la foto en Galicia, aunque pocos han logrado una al lado del candidato.

El propio Mariano Rajoy se ha volcado y confía en Feijóo hasta el punto de que se le escapó en un mitin que lograría "muchos más" de los 38 escaños que garantizan la mayoría absoluta. Espera que le den una buena noticia en su tierra. Y no sería la primera vez, porque ya la tuvo hace cuatro años, cuando el de Os Peares logró esquivar la crisis y retener el poder en 2012.

UN RETO DIFÍCIL

Aunque son paisanos y les une su capacidad para medir los tiempos, Feijóo ha buscado distanciarse, sobre todo en las formas, del 'plasma' de Rajoy, aunque siempre desde la lealtad. Dentro y fuera del PP, muchos lo ven su sucesor natural y una tercera mayoría absoluta le erigiría de forma automática en el presidente autonómico con más poder. Pero él insiste: seguirá en Galicia.

Y es que Feijóo no necesitaba volver a presentarse para reafirmar su papel de barón popular relevante. Lo es desde hace años, con dos mayorías bajo el brazo y una imagen mejorada -aunque su principal cambio de look se produjo en 2009 al dejar la gomina-, pero ha decidido arriesgar, aún consciente de la magnitud de un reto que le recuerda a la primera vez que compitió por la Xunta.

Los gallegos decidirán el domingo si pesa más "el programa y balance" de gestión que reivindica que los "casos de corrupción" en su partido y las "malas compañías" que le afean sus rivales en redes sociales y mítines. Será la primera cita autonómica con las urnas desde que 'El País' publicó en 2013 unas fotografías suyas de los años 90 con el contrabandista Marcial Dorado, después condenado por narcotráfico.

Su relación con 'Pachi' Lucas, supuesto conseguidor de la Operación Zeta, y la situación de Manuel Baltar, investigado a raíz de la denuncia de una mujer (a su vez también investigada) que le acusó de ofrecerle un empleo a cambio de sexo, son otros dos caballos de batalla contra Feijóo. Su entorno minimiza el impacto de ambas cuestiones, recuerdan que dio "explicaciones" sobre las fotos y reivindican su trayectoria como "intachable".

PADRE PRIMERIZO EN FEBRERO

Consciente de lo que se juega, Feijóo se ha entregado a fondo de acuerdo con una de las cualidades que más destaca su equipo: la de "trabajador incansable". No ha dado pistas sobre el gobierno del que se va a rodear si tiene oportunidad tras el 25-S, pero dirigentes del PP subrayan que en la última remodelación de su gabinete construyó un Ejecutivo "para una legislatura más".

Mientras él utiliza como eje de campaña "la excepción de la estabilidad" y alerta de la posibilidad de que Galicia importe la incertidumbre estatal, su entorno quiere trasladar que su "ambición" es afrontar "por fin" un mandato "de bonanza" en el que dar "buenas noticias" y con retos como el Xacobeo de 2021 o el problema demográfico.

Con respecto a revitalizar la demografía, su vicepresidente, Alfonso Rueda, ya ha bromeado en mítines con que a Feijóo le gusta "hablar haciendo". Y es que en el transcurso de esta campaña electoral se ha revelado cuál es "la mejor de las noticias" que el año 2016 ha dado al candidato, que este año perdió a su padre, al que estaba muy unido: será padre de un niño en febrero de 2017.

Está por ver como influirá la paternidad a sus recién cumplidos 55 años en el hermético Feijóo que se declara admirador de los políticos de la Transición. Fuera de toda duda está su capacidad para rodearse de un equipo fiel, que destaca de él que "encaja bien las críticas y siempre las pide"; que es flexible y exigente. Y que "escucha a todo el mundo", pero suya es la última palabra.

DE FUNCIONARIO A SUCESOR DE FRAGA

Pese a las dificultades de la crisis, este licenciado en Derecho se ha esforzado en conservar la imagen de buen gestor, de político de centro que huye de radicalismos, de hombre de Estado en Galicia que previene contra la ruptura de España. Y al mismo tiempo, definirse como un político moderno. Feijóo no faltó a la primera boda gay que se hizo pública en el PP: la de un concejal de Ourense amigo suyo.

La "moderación" y el "centrismo", con el "galleguismo integrador", son las aguas ideológicas en las que prefiere el candidato popular. Una vez quiso ser veterinario, pero los derroteros de la vida le llevaron a convertirse en un joven funcionario de la Xunta, que se afianzó al frente de Insalud y Correos. En paralelo, entraba en la vida política de la mano de José Manuel Romay Beccaría, uno de los referentes del PP del 'birrete'.

Tras su paso por Madrid, regresó a Galicia de la mano del fallecido Manuel Fraga, al que sucedió en 2006. Demostró su capacidad para hacerse con el partido pese a estar en la oposición y con el 'baltarismo' como contrapunto en Ourense. De algún modo, para el 'pijo madrileño' reconvertido en "niño de aldea", esta provincia, en la que Manuel Baltar heredó el poder de su padre, sigue siendo el contrapunto.

NO SERÁ JEFE DE LA OPOSICIÓN

Al recuperar la Xunta para el PPdeG a la primera superó su primera prueba de fuego en 2009. Inició un mandato con "austeridad" y "racionalización" como palabras fetiche. También lo fue el control del déficit y, en su afán de mantener su imagen de buen gestor, Galicia se convirtió en la primera comunidad en fijar por ley un techo de gasto presupuestario.

Con los floteles de Pemex por bandera, Feijóo revalidó su mandato en 2012, entrando en una legislatura aún marcada por la crisis, pero ha dado un giro a su política social y ha bajado impuestos. Ahora, en los mítines, reivindica el crecimiento económico y pide a los gallegos que le dejen gobernar en bonanza.

Le ha costado decidirse, pero puede convertirse en el primer líder del PP capaz de revertir la tendencia y poner coto a las mareas de izquierdas. Si no lo logra, confesó que no será jefe de la oposición. Si lo consigue, promete quedarse en Galicia, aunque en los mentideros solo se habla de las páginas que le quedan por escribir en política nacional.

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