La celebración de Lewis Hamilton al término de los entrenamientos oficiales del Gran Premio de Japón bien podrían parecerse más a los festejos de un título Mundial, que a la consecución de un primer puesto en una parrilla.
Y es que el piloto británico no reprimió su felicidad al conseguir la pole ante su compañero y rival Fernando Alonso, mostrando que él sigue siendo el actual líder del Mundial y que no tiene miedo al asturiano.
El tradicional abrazo con su padre, la satisfacción de los mecánicos y el gesto de felicidad de su protector, Ron Dennis, completan un festejo con mayúsculas de un piloto que se veía superado por la presión en los últimos días, en los que se le ha visto con un rostro y una personalidad muy distintas de las conocidas anteriormente.
Sus duras críticas dirigidas hacia su compañero de equipo al que acusa de desleal, han calentado un Gran Premio cuyo circuito ya resulta difícil para los pilotos, por desconocer su trazado, y que la fuerte tensión en el equipo McLaren aumentarán la emoción para la carrera.



















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