"Intentó alcanzar su destino", recordó el vicario de Ceuta, Francisco Correro, pero el destino no fue el elegido, al fallecer, agotado, en su intento por alcanzar la meta ansiada junto con otros tres compatriotas subsaharianos que fueron retenidos por la Policía marroquí.
El cementerio ceutí de Santa Catalina acogía así un nuevo cadáver de otro inmigrante, sin identificar, que engloba la lista de sin papeles cuyos cadáveres llegan a las aguas de Ceuta y que son enterrados en su camposanto sin que nunca más se sepa de sus identidades.
"Este joven puede que tenga un padre, una madre que esperan su llamada"
Como recordaba el vicario de la ciudad, "este joven puede que tenga un padre, una madre, que están esperando una llamada". Una llamada que nunca llegará de igual forma que nunca se sabrá qué historia hay detrás de este joven, de no más de 20 años, al que tan sólo despidieron dos monjas, un vicario y un par de periodistas.
La Guardia Civil ha manifestado a 20minutos.es que desconoce la identidad del joven porque carecía de documentación y que consideran inviable obtener algún dato sobre su procedencia. Ni tan siquiera dos subsaharianos que se acercaron al cementerio pudieron reconocer al joven que, para siempre, yacía en una caja de pino.
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