Las llamas destrozaron por completo las oficinas de la Cofradía de Pescadores, situadas en la quinta planta, y alcanzaron a un funcionario que intentaba socorrer a dos trabajadoras que escapaban del lugar del suceso y que sufrió quemaduras.
El percebeiro, que se entregó a la Policía Nacional tras el incidente, accedió, según los testigos, a la sede de la cofradía a gritos, responsabilizando a la entidad de su situación. En la mano llevaba una garrafa de dos litros de gasolina, que derramó por las oficinas para, acto seguido, prenderle fuego con una mechero.
Huida a la carrera
En ese momento se encontraban allí dos empleadas del pósito, que salieron corriendo con la ayuda de un ordenanza del Instituto Social de la Marina, que sufrió quemaduras leves en una pierna al ser alcanzado por las llamas.
Alertados por los propios trabajadores, al lugar acudieron los bomberos, varias ambulancias del 061 y diversos efectivos de las Policía Local y Nacional.
Los agentes acordonaron la zona y, por temor a que el fuego se extendiese, ordenaron la inmediata evacuación del centenar de personas que había en el edificio y el centro de salud colindante.
Los bomberos consiguieron sofocar las llamas una hora después, sobre las 13.00 horas. Poco antes, el pirómano se entregaba voluntariamente a los agentes de la Policía Nacional, que se lo llevaron detenido a la comisaría de Lonzas.
La sede de la cofradía
coruñesa, situada justo enfrente de la Delegación Provincial de Pesca, quedó destrozada por completo. Las llamas no sólo acabaron con el mobiliario, sino también con toda la documentación.
«No tengo nada que perder»
Testigos presenciales relataban ayer cómo el percebeiro detenido entró en las oficinas «desesperado porque no le daban la licencia». Según dichos testigos, el hombre gritaba, mientras mostraba la garrafa de gasolina: «No tengo nada que perder, a mí lo que me importa es el percebe». Al parecer, el pirómano responsabilizaba a la cofradía por la no concesión de la licencia de marisqueo, aunque fuentes del organismo coruñés señalaron que los permisos los concede exclusivamente la Xunta. El percebeiro pasó del malestar a las amenazas y, de éstas, a los hechos. «Si no me escucháis de una forma me vais a escuchar de otra», dijo antes de incendiar el local.


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