La cocina molecular llega a las cartas de los restaurantes cordobeses de la mano de los jóvenes talentos Ô. ¿Ha probado alguna vez unos raviolis de café con leche? ¿Y unas lentejas de piña? Ahora es posible gracias a la cocina molecular, que transforma los fogones cordobeses en verdaderos laboratorios.
El jefe de cocina del restaurante Tempura, Antonio López, ofreció ayer una jornada de puertas abiertas en la que demostró al público cordobés los avances de la ciencia aplicados a la gastronomía. Con su ingenio, talento y virtuosidad a la hora de manejar el alginato de sodio y el cloruro cálcico, este joven crea, a través del proceso químico de la gelificación, platos tan novedosos como los tallarines de tomate o los raviolis de yogur rellenos de mango.
"A muchos les da miedo"
"A mucha gente le da miedo probar este tipo manjares", afirma López, razón de más cuando ven las jeringuillas, los polvos blancos y los productos procedentes de las cocciones de verduras que se emplean en su elaboración. "Todos son cien por cien naturales. De hecho, la goma Gellan que se usa para crear la gelatina se obtiene de un alga marina".
El chef de Tempura innova, pero con los pies en la tierra. "Este tipo de cocina la hago como demostración. No soy partidario de esta cocina si no se sustenta en los pilares de la cocina tradicional", afirma. Y es que para este cocinero siempre se van a comer los mismos platos y productos, "pero elaborados con otras técnicas".


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