Primero fue la plaza del Humor (donde muchos residentes llevan años pasando los fines de semana sin pegar ojo); después, los jardines de Méndez Núñez, y el pasado lunes, la Ciudad Vieja se unió al club y le declaró la guerra al botellón de la plaza de Azcárraga. Aseguran que no pueden dormir y, ante esta denuncia, el alcalde, Javier Losada, les prometió más vigilancia policial.
A golpe de multas
Pero ayer fue más lejos: habrá patrullas en cualquier sitio donde se celebre un botellón. La medida quiere acabar con el ruido y los actos vandálicos. El Gobierno local asegura que la Policía multará a los gamberros. Y aunque las sanciones por destrozos no son nuevas, la intención del Ayuntamiento es ser más duro.
Además, el Gobierno local advirtió ayer de que no descarta prohibir el consumo de alcohol en la calle, algo que podría incluirse en la futura ordenanza de uso de espacios públicos.
La moda de los ‘microbotellones’
La tarea que se marca ahora el Ayuntamiento no es fácil. Vigilar cada zona de botellón supondrá muchos agentes en la calle, porque en los últimos meses se han duplicado los puntos de la ciudad en la que los jóvenes se reúnen. A las plazas más clásicas se unen lugares como Durán Loriga o el Matadero y barrios como Matogrande o Elviña. Y a más zonas, más quejas vecinales.


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