Durante los últimos años, la promotora de conciertos catalana (y sello discográfico) Sinnamon se ha postulado como una de las más importantes de nuestro país a la hora de organizar festivales, contando en su haber con citas como Summercase, Creamfields y ahora, Weekend Dance.
El festival nacía con el mismo espíritu que Summercase: un día en Madrid, y al día siguiente los mismos grupos en Barcelona, aunque esta vez reducido a una sola jornada y centrado en los sonidos electrónicos.
Había dos elementos que parecían capaces de aguar tan sonada fiesta. La organización tardó en confirmar el recinto para Madrid, lo que originó numerosas quejas en el foro del festival. En un principio, se especuló con la posibilidad de celebrar parte del evento en el exterior del auditorio, pero ante la negativa del Ayuntamiento de Madrid, todos los artistas tuvieron que ser concentrados en un solo escenario en el interior del recinto.
En segundo lugar, la lluvia amenazaba con estropear la cita. Sobre las 22 h, cuatro gotas hicieron temer lo peor, aunque todo quedó en eso y el cielo madrileño se alió con los asistentes.
El festival comenzó a las 17 de la tarde. El madrileño Wally López y el argentino Hernán Cattaneo fueron los encargados de abrir el cartel a ritmo de house. El dúo iraní residente en Washington Deep Dish era otra de las propuestas más esperadas.
Pero los platos fuertes llegarían más tarde. Digitalism es uno de esos grupos que han sabido mezclar con maestría el espíritu indie y la música electrónica. Conocidos por sus remezclas de grupos como Depeche Mode, Cut Copy o Daft Punk, el dúo alemán afincado en París supo animar la fiesta con sus potentes ritmos a mitad de camino entre el rock y el techno.
Los hermanos Dewaele, primero a cargo de Radio Soulwax y después de 2manydjs, fueron los responsales, junto a Digitalism, de algunos de los momentos más eclécticos y vibrantes de la noche.
En torno a las doce, el auditorio ya estaba a reventar. Pese a que siempre se puede buscar un sitio en las gradas, la pista pareció quedarse pequeña para las miles de personas que aguardaban para ver a Massive Attack.
A la espera del lanzamiento de su esperado nuevo disco, Weather Underground, los padres del trip-hop y del llamado "sonido Bristol" salieron puntuales para desgranar todos y cada uno de sus éxitos, de Angel a Safe from harm, donde sacaron su cara más reivindicativa, en forma de visuales, contra Bush y la guerra de Irak.
Hipnóticos, oscuros e inquietantes, supieron estar a la altura de las circunstancias, aunque es posible que una propuesta tan reposada como la suya no terminase de casar con el resto del festival.
2manydjs, con sus remezclas de The Gossip y Tiga, entre muchos otros, se alzaron como unos de los triunfadores de la noche. Vitalic generó opiniones contrapuestas, aunque su buque insignia, La Rock, supuso uno de los momentos cumbres de la cita.
Los amantes del techno y el trance alemán más duro disfrutaron con Sven Väth, todo un clásico de la escena con 20 años de carrera a sus espaldas. El cierre corrió a cargo de Carl Craig, otra leyenda de la música electrónica de raiz negra de Detroit, que despidió una noche marcada por el buen sonido y una aceptable organización, aunque quizá empañada por el excesivo aforo.


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