Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron el ADN de personas que se describen a sí mismas como solitarias, y descubrieron que gran parte de ellas presentan patrones genéticos diferentes a los del resto de la población que, principalmente, están relacionados con su sistema inmunológico.
"Desde hace años sabíamos que existía un estrecho vínculo entre las relaciones sociales y algunas patologías físicas" ha asegurado Steve Cole, uno de los encargados de llevar a cabo este estudio.
Además, el análisis desvela que aquellas personas denominadas "solitarias crónicas" (que tienen poco o ningún contacto con amigos y familiares) son proclives a morir jóvenes, contraer infecciones, sufrir insomnio o padecer cáncer.
A partir de estos resultados, los responsables del estudio esperan poder llegar al siguiente paso de la investigación, que se centra en la búsqueda de un posible tratamiento para evitar que los hábitos sociales puedan influir en la actividad de los genes.


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