Los neoyorquinos encaran el sexto aniversario de los atentados del 11-S de 2001 con el fantasma de los efectos nocivos en la salud más vivo que nunca.
Hace apenas un mes, dos bomberos murieron asfixiados en la extinción de un espectacular incendio en el contaminado edificio del Deutsche Bank, que había sufrido de lleno el desplome de una de las Torres Gemelas. El incendio del edificio, de 41 pisos, generó enormes columnas de humo negro por la presencia de poliuretano. Esa sustancia cuando arde desprende gases tóxicos para la salud.
Según un recuento del diario local 'Village Voice' , publicado esta semana, más de 52 casos de enfermedad han sido ligados directamente a aquella nube tóxica: doce fueron casos de muerte por cáncer o dolencias de pulmón.
Con el ánimo de hacer un profundo estudio de los verdaderos efectos de los atentados para la salud de los supervivientes, las autoridades neoyorquinas han habilitado un registro para que se inscriban personas que participaron en aquellas tareas.
A partir de los datos de 8.418 supervivientes inscritos en ese registro, en abril se conoció que entre los 2 y 3 años posteriores a los ataques, la mitad de ellos tuvieron problemas respiratorios.
Más de 3.000 han sido tratados por ese tipo de patologías y su capacidad pulmonar ha caído a un nivel similar al que tendrían después de doce años de trabajo.



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