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Las vacaciones de verano han disparado los casos de divorcio

Sólo en los tres primeros días de septiembre hubo 14. La relación a tiempo completo sigue causando desavenencias en la pareja.
Un año más despuntan los casos de divorcio tras las vacaciones estivales. Los matrimonios con problemas de pareja multiplican sus desavenencias en estas fechas al compartir más tiempo juntos.

Sólo en los tres primeros días hábiles del mes de septiembre (del 3 al 6) se han resuelto 14 sentencias de divorcio y tres de separación, según estadísticas desprendidas del Registro Civil. Además, se han incoado varios centenares de procesos nuevos a lo largo del verano.

Junio y julio también son meses con muchas separaciones. Las parejas que tienen niños pequeños esperan a que sus hijos terminen las clases para separarse, con el fin de que esta decisión no les afecte académicamente.

 Este año se resolvieron 163 casos de divorcio en junio y 181 en julio, una cifra superior a la del año pasado en las mismas fechas (155 y 176, respectivamente).

Respecto a los divorcios tras las vacaciones, discusiones sin importancia, como elegir el lugar de descanso o decidir quién se encarga de jugar con los niños, pueden ser suficientes para acabar con años de relación.

En la mayoría de los casos se trata, no obstante, de la manifestación de un problema que existía desde hacía tiempo pero que permanecía soterrado.

«Durante el año las parejas apenas comparten tiempo juntos debido al trabajo. Cuando eliminamos estas ocupaciones es cuando salen a la luz las incompatibilidades», explica Eva María Vera, vocal de Derecho de Familia del Colegio de Abogados de Zaragoza.

Lo mismo ocurre durante la Navidad. Se trata de un periodo de tiempo más corto,  pero que se vive intensamente en familia y puede dar lugar a conflictos irresolubles. No en vano, la cifra más elevada de rupturas de este año se registró en el mes de febrero (190 divorcios y 21 separaciones).

Dos formas diferentes de romper

Divorcio y separación no entienden de edad ni de clase social. Sin embargo, existen diferencias entre la manera de romper de las parejas jóvenes y la de los matrimonios de muchos años. Las parejas mayores se separan por un desgaste de la relación a través del tiempo, por alcoholismo o por la dificultad de convivir tras la jubilación. En el caso de los jóvenes, el distanciamiento tiene lugar por una dificultad de asumir compromisos dentro de la pareja. A menudo se resisten a perder la libertad y terminan separándose a los pocos meses de haberse casado.

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