Los pastores robaron ayer el protagonismo al rebaño en la XIV Fiesta de la Trashumancia, que supuso el paso de un millar de ovejas por el centro de la capital.
Las ovejas Rubia del Molar y Negra de Colmenar no pudieron competir con los exóticos turbantes de los tuaregs, las sedas indias o las túnicas coloristas de los keniatas que guiaban al rebaño a golpe de bastón y silbido.
El simbólico paso de las ovejas por Madrid –para reivindicar la necesidad de preservar las cañadas reales– tuvo en la de ayer su edición más internacional, al coincidir con el Encuentro Mundial de Pastores Nómadas y Trashumantes, que reúne en Segovia a cien pastores de 36 países del globo. Todos plantearon ayer un mismo problema: la dificultad creciente de trasladar en el espacio a sus rebaños, ya sean de ovejas, cabras o camellos.
Durante el trayecto, de la Casa de Campo a Cibeles, los pastores fueron acompañados por dos bueyes de Moralzarzal –de mil kilos de peso cada uno– una decena de caballos, varios mastines y tres dromedarios, para deleite y sorpresa de niños, turistas y transeúntes.


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