Lo que comenzó hace más de sesenta años como una tradición, para finalizar las fiestas de la pedanía murciana de Casillas que se celebran la última semana de agosto, se ha convertido en una auténtica pesadilla para sus vecinos.
El día que termina la fiesta, cerca de cincuenta jóvenes recorren las calles más céntricas reventando locales y fachadas con petardos de todo tipo. Tanto es así, que los dueños de los comercios guardan, desde hace años, una pequeña cantidad para pagar los desperfectos.
Este año, dicen que ha sido flojo, pero la realidad es que el pasado lunes a la fiesta tuvo que acudir una patrulla de antidisturbios de la Policía Nacional y aún así, señales de tráfico, fachadas y los luminosos de los comercios quedaron dañados.
Su pedáneo, Serafín Muñoz García, nos confesó su impotencia y explicó que «esta fiesta no tiene nada que ver con el calendario festivo de Casillas. Cada año mando un escrito a la Delegación del Gobierno porque la localidad no se hace cargo de nada».
El problema, según los vecinos, viene desde hace unos diez años, cuando la fiesta empezó a ser popular en los pueblos limítrofes y empezaron a venir a tirar petardos.
«Vienen de fuera y se creen que esto es una ciudad sin ley. Los chavales de aquí tiran petardos, pero no hacen vandalismo. Sería como tirar piedras contra su propio tejado», expresó, algo tenso, uno de los vecinos afectados.
Buscan una solución
Un grupo de vecinos de los que quieren acabar con esta locura pide trasladar la fiesta de la pólvora a las afueras de Casillas, frente al polideportivo. Dicen que «de esta forma los chavales pueden divertirse sin molestar. Creemos que es una buena solución. Ahora sólo falta que los chicos pongan de su parte y el Ayuntamiento nos ayude».
Ángel Ayala Zamora, 63 años
«Los que tiran los petardos son auténticos salvajes. Hace ocho años me pusieron un petardo dentro de la salida de humos de mi bar y me destrozaron todo el techo. Me costó unas cuatrocientas mil pesetas arreglarlo».
José la Torre, 45 años.
«Las fiestas de las carretillas no son buenas para Casillas. Tengo una pescadería y siempre tengo desperfectos, un cambio de lunas, pintar las paredes... Este año, por ejemplo, me han roto el luminoso de mi comercio».
Ana Belén Máiquez, 28 años.
«La pólvora en Casillas es una tradición. Además, los chavales problemáticos no son de aquí. Creo que deberían habilitar un sitio para tirar los petardos y controlar un poco más la entrada y salida de gente ese día».


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