Zaragoza, el ideal caballeresco del ingenioso hidalgo don Quijote

Sancho Panza
Escultura de Sancho Panza en el municipio de Alcalá del Ebro. Imagen del blog Enelmundoperdido.com. (Jorge González "Xipo")

No es casualidad que el Quijote cierre su primera parte con el anuncio de la intención del hidalgo de visitar la ciudad de Zaragoza. Su tradición caballeresca la convertía en el destino ideal para una mente como la de Alonso Quijano, obsesionada por los libros de caballerías.

Pero, ¿cómo conoce Miguel de Cervantes este hecho? Todo parece indicar que lo vivió en primera persona, pues nuestro autor pasó por esta ciudad en 1568, acompañando al general Acquaviva cuando regresaba a Roma. Allí, ambos pudieron presenciar algún festejo caballeresco en honor al cardenal.

Las tierras aragonesas quedan reflejadas también a través de la Ínsula Barataria que el Duque promete a Sancho: la población de Alcalá del Ebro Y es que en el siglo XVI, la nobleza zaragozana trataba de perpetuar estas costumbres; un hecho en el que mucho tuvo que ver la Cofradía de San Jorge, cuyo origen data del siglo XII y que en nuestros días sigue vigente bajo el nombre de Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, con sede en la Casa de Miguel Donlope.

Seguramente influido por esto, son numerosas las alusiones a la capital de Aragón en la segunda parte del Quijote, en la que nuestro antihéroe fija en esta ciudad su siguiente destino.

Sin embargo, tras la narración de las más disparatadas aventuras camino de la capital, en el capítulo 59 don Quijote renuncia a llegar a Zaragoza. Este giro argumental parece atribuirse al hecho de que en el Quijote de Avellaneda sí lo hiciera: así Cervantes marcaba una diferencia contundente con la obra que le estaba intentando copiar.

Aun así, el rastro del paso de don Quijote por Zaragoza llega a nuestros días, a través de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, en los que aparecen las figuras esculpidas por Félix Oroz en 1868 correspondientes a cuatro de sus personajes: el hidalgo, Dulcinea y los Duques de Villahermosa.

Alcalá de Ebro, la Ínsula Barataria

Las tierras aragonesas quedan reflejadas también en la obra cumbre cervantina a través de la Ínsula Barataria que el Duque promete a Sancho Panza -"Os mando el gobierno de una [ínsula] que tengo de nones, de no pequeña calidad"- que se corresponde con la población de Alcalá de Ebro. Un gobierno con el que soñaría Sancho; pero que pronto tornaría en frustración, puesto que todo resultó ser una farsa que contó con la complicidad de sus vecinos. De ahí la melancolía con la que se le representa la escultura que le han erigido como homenaje.

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