La visita de Bush tiene lugar mientras los destacados altos cargos estadounidenses en el país árabe se preparan para presentar la semana que viene un informe clave a un Congreso controlado por los demócratas sobre su estrategia militar. El presidente ha enviado 30.000 militares más a Irak, elevando el número a 160.000.
El presidente voló a la provincia occidental de Anbar, un antiguo bastión insurgente suní una vez considerado una causa perdida para exhibir lo que calificó de uno de los principales historias de éxito de su nueva estrategia militar.
Bush se entrevistó con el comandante en jefe de Estados Unidos en Irak, el general David Petraeus y el embajador Ryan Crocker, para conocer su valoración sobre el funcionamiento del incremento de tropas antes de que entreguen su informe al Congreso.
Los comandantes dijeron que el nivel de violencia había bajado pero que se necesita más tiempo para consolidar los avances.
'El general Petraeus y el embajador Crocker me han dicho que si continúan estos éxitos que estamos viendo, será posible mantener el mismo nivel de seguridad con menos soldados estadounidenses', afirmó Bush.
Bush llegó en esta visita inesperada a la base aérea Al Asad, en la provincia de Anbar, acompañado por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el asesor de seguridad nacional, Steven Hadley. El secretario de Defensa, Robert Gates, llegó por separado.
El viaje de Bush a Anbar habría sido impensable hasta hace unos meses, cuando estaba considerada el corazón de la insurgencia. Ahora, una rebelión de las tribus suníes contra los islamistas suníes de Al Qaeda ha pacificado la zona.
Este caso probablemente será utilizado como ejemplo de que la estrategia estadounidense está funcionando cuando Petraeus y Crocker comparezcan ante el Congreso el 10 de septiembre.
Ambos ofrecerán su evaluación sobre las consecuencias de la decisión de Bush de enviar a una fuerza adicional de 30.000 soldados más a Irak.
La Casa Blanca debe presentar su propio informe sobre la situación en Irak el 15 de septiembre.
Bush, que partió después a una reunión de líderes de Asia-Pacífico en Sydney, está bajo una creciente presión por parte de los demócratas y algunos destacados republicanos, que quieren que las tropas de EEUU empiecen a abandonar Irak después de más de cuatro años de guerra en la que han muerto 3.700 soldados americanos y decenas de miles de iraquíes.
/Por Andrew Gray y Matt Spetalnick/


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