Que un hombre de 84 años conduzca un coche podría ser una noticia curiosa, pero que lo haga con el mismo automóvil que compró cuando tenía 15, lo convierte en una historia de lo más curiosa.
Un Ford Modelo A ha llevado a todas partes a Clarence Cleveland Curtiss, de Shelton, estado de Washington, e incluso a la vejez. Uno de los primeros modelos de la casa de Detroit lo acompaña desde hace 69 años, demostrando que antes que un perro, es el coche el mejor amigo de un hombre.
Según publica el New York Times, esta fiel amistad nació en 1938 cuando la Gran Depresión que sufrieron los EEUU le permitó realizar el negocio de su vida al pagar 10 dólares (7 euros) por un automóvil que 9 años antes le había costado a su dueño 400 dólares (280 euros).
Una maravilla de la tecnología
La principal modificación con relación al original es el motor, remplazado por el de un Hudson Terraplane (en inglés) de 1940, con lo que perdió potencia pero ganó en fiabilidad.
Aunque multiplicaría exponencialmente su inversión vendiéndolo como pieza de museo o de cacharrería, Curtiss se niega a desprenderse de un vehículo al que le sobran no sólo kilómetros sino también mucho cariño, pues la recuerda a su difunta esposa, Dorothy, la primera y única mujer que besó a bordo del coche.
Además, la sabiduría del dueño y el encanto del vehículo, basados en la edad avanzada de ambos, les permiten soportar la vergüenza de entrar como el modelo más feo a todas las exposiciones de coches con la dignidad de ser el más premiado al salir.




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