El Barça logró ayer su primer triunfo en la Liga después de superar, con polémica incluida, a un Athletic que no pudo hacer frente a las extrañas y abundantes decisiones arbitrales en su contra.
Sin desplegar un gran fútbol, Ronaldinho se encargó de meter el miedo en el cuerpo a los leones. A los nueve minutos, el brasileño sacó una falta y coló el balón por la escuadra de Iraizoz. Ese tanto dio aún más confianza al Barça, que siguió atacando, aunque sin fortuna en los metros finales.
El colegiado Megía Dávila se encargó de finiquitar los esfuerzos de recuperación del conjunto rojiblancos al pitar un penalti inexistente sobre Henry. Ronaldinho no falló desde los once metros.
En la segunda parte, Susaeta recortó distancias tras un error de Valdés, pero la alegría vasca duró poco porque un trallazo de Touré Yaya, que no llegó a cruzar la línea de gol, se convirtió en el 3-1 definitivo. La irrupción del delantero, fue anoche la mejor noticia para el conjunto de Caparrós.
Un equipo «tierno»
El entrenador del Athletic, Joaquín Caparrós, evitó comentar tras el partido la actuación arbitral y prefirió centrarse en la actitud de su equipo, al que vio «demasiado tierno» en la primera mitad. «En la segunda sí estuvimos más convencidos y, aunque nos han creado ocasiones, nosotros también las hemos tenido. Nuestro gol nos dio dinamismo, pero después vino la expulsión y se acabó todo», explicó el técnico utrerano.


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