Todavía queda mucho para que entre en funcionamiento la primera línea comercial entre Tokio y Nagoya, planeada con precisión japonesa para 2025, pero hoy en día en la zona de pruebas de Yamanashi ya se puede ver de lo que es capaz el ojito derecho de JR Central, la compañía responsable del proyecto.
El tren más rápido en pruebas
Al oeste de Tokio, en la provincia de Yamanashi, el Maglev o Linear, como prefieren llamarlo en la empresa, vuela en dieciocho kilómetros de las vías de prueba, encajados en un típico paisaje japonés de montañas verdes cubiertas muchas veces de bruma.
El tren parece convertirse en un avión supersónico cuando sale del tunel; el símil no es casual, pues aunque a velocidades bajas el tren funciona con ruedas, cuando alcanza bastante aceleración éstas se recogen y el Maglev "levita" a diez centímetros de altura.
La tecnología de este tren está basada en la energía magnética que crean los grandes imanes que jalonan todo el recorrido del tren.
El poder de aceleración que permite esta tecnología es tal que el día que el Linear superó la máxima velocidad registrada por un tren de estas características (581 kilómetros por hora) necesitó menos de nueve kilómetros para batir el récord.
Además de Japón, Alemania también ha dominado la técnica de los ferrocarriles de levitación magnética y un consorcio alemán es el responsable de la única vía comercial en funcionamiento que usa esta tecnología, la que une el aeropuerto de Shanghái con Pudong, la zona de negocios de la capital económica china.
Sin embargo, el Maglev japonés es más avanzado que el desarrollado por Siemens y ThyssenKrupp en China y, en vez de levitar a un centímetro de altura, lo hace a diez porque de esta manera aumenta la seguridad contra fenómenos naturales como los terremotos, muy usuales en Japón.
Proyecto millonario
Sólo para ampliar los dieciocho kilómetros de las vías de pruebas hasta los 41 kilómetros, con un trazado que en el futuro formará parte de la red comercial, la compañía privada JR Central se plantea un gasto de 355.000 millones de yenes (1.600millones de euros), que sufragará con sus propios fondos.
Las cifras de los costes son astronómicas, pero obligadas por una contienda comercial que JR Central libra con las compañías aéreas para dominar la ruta Tokio-Osaka.
El tren bala o Shinkansen, como se denomina en Japón, transporta cada día en dos horas y media a 400.000 personas entre las dos ciudades más importantes del país, una masa de gente que podría aumentar mucho, si se recorta aún más el tiempo.
En cuanto el Maglev entre en funcionamiento, unirá Tokio y Osaka en una hora, brevedad a la que habrá que sumar su cómoda conexión con las redes de tren y metro de ambas ciudades.


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